COSAS JODIDAS QUE SUCEDEN CUANDO EMPIEZAS A SALIR CON ALGUIEN

30 08 2014

Leisure

Salir con alguien es la cosa más terrible que puede hacer una persona. Si en algún momento de tu triste vida ves que estás empezando a “sentir” “algo” por alguien, tienes que ser lo suficientemente fuerte como para extirpar esta idea de tus entrañas. Creedme, lo más triste del mundo es un hombre —o mujer— enamorado. Son seres capaces de hacer las cosas más indignas de este planeta, cosas peores que modificar el código genético de la soja o dejar el wi-fi conectado toda la puta noche. Cuando un ser vivo con cierta consciencia empieza a compartir ciertas horas de su día a día con otra persona con la que ha hecho un pacto de permisividad en el tema de tocarse mutuamente los genitales (lo que vendría a ser el “tener una pareja”) pasa a ser víctima de un conjunto de actitudes un tanto despreciables, poco coherentes con uno mismo. Y es que nunca existirá el mismo nivel de amor y aprecio entre estas dos personas y esto conllevará a vivir noches de llantos, platos rotos, facturas de abogados y pensiones alimenticias que convertirán a ese feliz recién nacido que salió del útero de su madre en un ser gris, triste y mal afeitado que empezará a desarrollar todo tipo de enfermedades relacionadas con el estilo de vida occidental. Si pese a todo sigues con la idea de salir con alguien, es recomendable que le eches un vistazo a este sencillo listado de handicaps relacionados con el inicio de la época de apareamiento:

Beber demasiado

Cuando empiezas a “quedar” con alguien realmente no sabes qué hacer. Aparte de los besos y abrazos tiene que haber algo más pero como no conoces a esa otra persona, no tienes ni idea de qué hacer fuera de la cama. De hecho quedar con tu pareja para tomar algo, cenar o aprovechar la oferta cultural de tu ciudad es solamente una excusa para terminar follando esa misma noche, que es lo que realmente los dos queréis. Para llegar a eso, ambos sabéis que tenéis que emborracharos un poco porque sois totalmente incapaces de deciros a la cara que lo único que queréis es ir a follar. Esta incapacidad de comunicación, de hecho, será lo que caracterizará vuestra relación y, finalmente, será lo que acabará con ella y te convertirá de nuevo en un soltero feliz.

Falta de sueño

Ahora que has convertido tus horas de sueño en “horas de hacer el amor” tu cuerpo y mente empezarán a deteriorarse. Si a esto le sumas que te pasas las tardes bebiendo como un cobarde con tu nueva pareja entonces, cuando cruces la puerta de la oficina donde trabajas, parecerás un tipo con PROBLEMAS de verdad, como si estuvieras teniendo un flirteo fuerte con las drogas. Claro que también puede parecer que por las noches te pongas un traje de murciélago y salves a esta puta moribunda llamada “tu ciudad” del crimen incesante que puebla sus calles. Joder, qué más quisieras, la triste realidad es que solo te estás a follando a un desconocido.

Olor

Conocer a una persona nueva te abre un nuevo mundo de experiencias sensoriales. De repente tu cuerpo huele a otra persona y te pasas el día oliéndote los dedos a escondidas. Vale, hueles a sus genitales —más que nada porque te pasas las noches amarrado a ellos— pero también a su pelo y a su piel. Empiezas a extrañar tu propio olor, de algún modo te estás descomponiendo como persona, tu individualidad se va desmontando como un rompecabezas. Ahora eres algo que ha quedado muy lejos de lo que eras y es posible que nunca más vuelvas a recuperar tu esencia primigenia, más que nada porque ahora está invadiendo el cuerpo de esa otra persona que tú llamas “cariño”.

Gases

Esto deriva de pasarse las noches bebiendo sin parar para terminar follando. Todo ese alcohol y gas ingerido se convierten en terribles gases afincados en tus intestinos. Este infierno se convierte en algo mucho peor cuando te encuentras tumbado en la cama abrazado a tu nueva y recién estrenada pareja. Evidentemente no quieres que piense que eres la clase de persona que se va tirando pedos por ahí sin ningún tipo de pudor y mucho menos de los que lo hacen en la cama, así que intentas aguantártelos durante toda la noche. Craso error, tu estómago se convierte en el jodido Hiroshima, tienes Ébola concentrado ahí dentro. A la que puedes te diriges al baño e intentas tirarte pedos mientras los disimulas tirando de la cadena pero resulta una tarea harta imposible, tienes demasiados gases y crees que el sonido será una barbaridad y tienes MIEDO. Un clásico es levantar la sábana y sacar el culo mientras la pareja duerme, entonces, con una destreza absoluta intentas gasear la habitación con el mayor silencio posible, como soplando las velas de tu séptimo aniversario. Entonces, si lo logras sin despertar a nadie, sientes el alivio absoluto, como Jack en el final de Perdidos. Lo que no sabes es que en ese mismo momento tu pareja puede estar haciendo exactamente lo mismo. Es lo que tiene el amor.

Es curioso porque con el tiempo empezaréis a tiraros pedos sin problema, con total soltura. Primero será algo simpático pero luego, cuando en vez de decir “hola” al llegar a casa te limites a soltar una buena ventosidad, significará que la relación está empezando a deteriorarse. Esos pedos serán incluso como insultos salidos directamente del recto. Todo lo que no te atrevas a decirle —que esas ensaladas que hace con pasas son una mierda— saldrá en estado gaseoso de tu culo. El desprecio en estado puro.

Sentimiento de inferioridad

A mí al menos me pasa. Cuando conozco a alguien, los primeros meses me siento como una mierda, como alguien totalmente inferior a mi pareja. Analizo mi forma de vida y pienso que no soy nada y que no sirvo de nada. Ella tiene un curro de verdad, uno que sirve de algo mientras que yo no sé ni dónde estaré dentro de dos meses. Ella gana dinero de verdad, tú sobrevives. Entonces empiezo a pensar que esto de salir tanto e ir a conciertos y gastarme un 50% del sueldo en discos es demasiado inmaduro. La tristeza me inunda y me avergüenzo de mí mismo. Con el tiempo esta situación se invierte y empiezo a pensar que mi vida es la hostia y que vivo de puta madre mientras que ella se pudre con su curro de mierda ya “establecido”. Ella es una víctima del sistema, yo un poeta urbano.

No tienes dinero

Pese a que nunca lo habías hecho, ahora tienes que hacer regalos. Tu dinero ya no significa discos y bolsas de pelotazos, ahora significa tener que gastarlo en otra persona. Cuesta acostumbrarse.

Comunicación constante

Cuando no estás con tu pareja necesitas estar con ella de otro modo. Te conviertes en un ser conectado al teléfono, mandando mensajitos todo el puto día. Dejas de vivir en el presente para vivir en otro sitio que nadie logra comprender. Un sitio entre la realidad y la ficción llamado “Amor”, cuya capital es “Capullo”, donde, por cierto, hacen unos buenos bocadillos de tortilla.

Cambios constantes en la actitud

Una relación es una montaña rusa sentimental y para subir en ella tienes que canjear tu dignidad. Cualquier pequeña mierda se convertirá en un debate importantísimo que pondrá en jaque la tranquilidad de vuestra relación y la estabilidad política del país. Estos cambios de actitud harán que desde fuera parezcas uno de esos marineros que se pasean por el puerto a altas horas de la madrugada meándose en el mar y pensando que el orín es un sedal y que están pescando como “en los viejos tiempos”. En fin, un puto loco.

Ahora tu vida es tu pareja

Coge todo lo que tenías antes y tíralo a la basura. Ahora tu vida es esa otra persona. Nada más importa. El cine tiene casi 120 años de historia y el hombre es capaz de salir del planeta Tierra pero te sigue interesando más esa tía que no sabe ni utilizar un bidé.

Higiene personal

Por primera vez en tu vida tendrás que cambiarte de ropa interior CADA maldito día, no vaya a ser que tu pareja piense que eres un degenerado. Esto, en el fondo, te hundirá en una depresión sin salida.

Traicionarse a uno mismo

Ahora, de repente, te gusta la jodida pizza con piña.

Pretender ser un tipo sano

Tu pareja tiene que pensar que te cuidas, al fin y al cabo estás introduciendo tu semen en su vagina o estás albergando su nardo en tu interior. Ya no puedes comer esas mierdas que tanto te gustaban que vendían en la semana americana del Lidl. Adiós a los noodles, a los frankfurts crudos y a la felicidad.

Hay cientos de cosas jodidas que uno hace cuando empieza a salir con alguien pero el tiempo en la red es limitado y no se pueden enumerar todas. Seguro que vosotros, los humanos, tenéis un buen puñado de aportaciones interesantes. En fin, lo que tiene que quedar claro es que empezar a salir con alguien significa convertirse en otra persona y esperar a que llegue el momento en que uno de los dos empiece a hartarse de toda esta mierda demencial y vuelva a recuperar de golpe todas sus costumbres de siempre, estallándote en la cara como el agua de una presa que acaba de ser reventada. “Reventar”, este es el verbo adecuado para describir el estado actual de tu relación.

By Pol Rodellar para Vice





Supera a tu ex en 10 pasos

13 06 2011

Estás que no te calienta ni el sol; terminaste con tu novio y, como toda pérdida, puede ser una experiencia muy dolorosa que es capaz de sumirte en una profunda depresión.
No dejes que la pena te consuma, toma coraje y decídete a darle vuelta a la página y superar a tu ex.

1. Deja de idealizarlo y bájalo del pedestal; después de una ruptura es fácil recordar y maximizar sus virtudes y minimizar sus defectos, haciéndote pensar que no encontrarás a alguien mejor.

2. Deshazte de todo lo que te lo recuerde, fotos, tarjetas, regalitos o cualquier cosa que no puedas desvincular emocionalmente. Si en verdad quieres pasar la página, no vale la pena guardar todo eso y convertirlo en un lastre.

3. Elimínalo de tus contactos de tu celular, de tus redes sociales y de tu correo electrónico; historias sobran de mensajes desesperados a media noche que no logran nada, te hacen quedar mal y arrepentirte después.

4. No frecuentes los lugares a donde suele ir; eso de toparse “accidentalmente” nadie se lo cree y es poco probable que le amor vuelva a surgir de esos encuentros.

5. No insistas en una reconciliación. Conforme pasan los días la soledad puede aconsejarte mal y convencerte de que intentes recuperarlo aunque sepas muy bien que no te conviene.

6. Acuérdate también de lo malo. Cuando la tentación de idealizarlo y buscarlo de nuevo aparezca, recuerda los motivos por los que terminaron, esas cosas que no estás dispuesta a soportar.

7. Escribe lo que sientes. Cuando estés triste o enojada y tengas ganas de decírselo en su cara, mejor toma un cuaderno y escribe, así podrás desahogarte y enfrentar tu duelo sin necesidad de tener más contacto con él. Además diversos estudios psicológicos confirman los efectos positivos de la escritura tras una pérdida emocional.

8. Rodéate de tus amigos; así no te sentirás sola y no recurrirás a tu ex sólo para matar ese sentimiento. La amistad es quizás, la mejor terapia para el “mal de amores”.

9. Disfruta tu libertad. Ser soltero también tiene sus ventajas, enfócate en ellas y aprovecha tu tiempo en cosas que siempre quisiste hacer sin necesidad de consultarle a nadie.

10. No renuncies al amor. Una mala experiencia es sólo una oportunidad de aprender y aclarar en tu mente lo que esperas en un hombre para entablar una relación. Mantente abierta a las posibilidades, no sabes en qué momento podría aparecer.





El infalible poder de las palabras de Amor

28 05 2011

La magia del habla, del llamado verbo, es mayor que la de algunos actos; cuando nos prometemos amor, el sexo simplemente fluye.

En danés se dice “Jeg elsker dig!”; en hawaiiano, “Aloha wau ia ‘oe!”; en japonés, “Kimi o ai shiteru!”, y en alemán, “Ich liebe dich!”. Otras formas de expresarlo son “Ti amo!” (italiano), “I love you!” (inglés), “Mi amas vin!” (esperanto), “Je t’aime!” (francés),  “S’ayapo!” (griego),  “Ya tyebya lyublyu!” (ruso) o “ Seni seviyorum!” (turco). Todas son diferentes maneras de indicar un mismo sentimiento: el amor.

Único y potente, el amor atrae y vincula a los seres humanos con una fuerza a menudo irresistible y vertiginosa, que disipa las sombras de la soledad, los traslada a cimas insospechadas de felicidad y plenitud, los inunda de confianza y les hace sentir que su vida “ahora sí que tiene sentido”.

Curiosamente, a pesar de la apasionada verborrea de los enamorados, de la infinidad de poemas, obras literarias, piezas musicales y estudios científicos que se han escrito sobre el tema, y de la omnipresencia de este sentimiento en la vida y la comunicación cotidianas de las personas, “el amor, el enamoramiento, es un sentimiento que cuesta expresar en palabras”, señala la doctora en Ginecología, Obstetricia y Pediatría y profesora de Sexología en la Universidad de Salamanca (centro de España), Carmen López Sosa.

Para esta experta, nadie mejor para expresarlo que “los poetas, perpetuos enamorados de la palabra y la metáfora que son capaces, a veces, de plasmar esos estados de amor en unas frases que muestran esos estados de arrebatamiento y también de dolor”.

“Si el enamoramiento es correspondido, llena la vida de color y le quita su poso amargo, hace captar las cosas con más gusto, modifica la valoración de lo bueno y de lo malo, pinta una sonrisa en el rostro y la sonrisa del otro te hace sentir mariposas en el estómago”, señala López Sosa, autora del libro “Sexo y sólo sexo”.

La voz del enamorado, una caricia

Según esta doctora, durante el enamoramiento la mirada del otro “te envuelve, te embriaga y te da calor, te cubre y te arropa. Perderse en el olor del amado es confort. Trae ensoñaciones, evoca el movimiento de los pliegues de una falda, una corbata, una mano. Es como estar en casa, es un refugio, es calma”.

“El amor es besar y que te besen. En el beso, hay un reconocimiento de pasión. Besar no es fácil. La boca es una parte íntima que cuesta compartir”, señala la experta.

Y además de besos, la boca del ser amado nos regala palabras de amor. “Su voz es una caricia. Cuando te llama, oír tu nombre en su boca es especial. ‘Paula’ ya no es sólo Paula. Ese imperceptible matiz te hace única, te individualiza, te llena de gozo el alma. Ese ‘Jaime’ es sólo de ella y él. Oímos tantas veces nuestro nombre que apenas recapacitamos en cómo suena, pero el amado lo hace tan dulce como la brisa”, señala López Sosa.

Precisamente, “una de las características de las etapas iniciales de toda relación son las largas conversaciones de los enamorados, que dejan de lado otras ocupaciones y aumentan sus facturas telefónicas”, señala la psicóloga Majendri Marqués, que dirige el Centro de Crecimiento Personal en la localidad de Arroyomolinos, en Madrid (España).

Según esta experta, la denominada ‘verborrea amorosa’ es una expresión más del profundo estado de alteración de la mente y las emociones que produce el enamoramiento, comparado por algunos expertos con un la enajenación transitoria: “un estado emocional tan intenso que la persona se siente presa de un torbellino incontrolable y de la irresistible atracción por el otro”, comenta.

“Las palabras durante el enamoramiento, dichas desde el corazón y la emoción más que desde la razón y la reflexión, expresadas con pasión y dulzura por uno y escuchadas con avidez y deleite por el otro, adquieren un poder inusitado, porque son amplificadas por la exaltación de los sentidos y las percepciones, por la atención sostenida y, a menudo exclusiva, que se prestan mutuamente los enamorados”, señala Majendri.

Según la experta, “las promesas de amor eterno, de estar juntos para siempre, de no dejar al otro por nada ni por nadie, expresadas en un tiempo tan especial como el San Valentín, adquieren durante la etapa del enamoramiento la categoría de mandamiento religioso, de compromiso sagrado, casi de un pacto de sangre”.

“Las promesas amorosas tienen una gran fuerza psicológica: son como el cemento mágico destinado a pegar los cuerpos y las almas. Los enamorados están plenamente convencidos de que se ajustarán a ellas durante toda su vida”, señala la psicóloga que advierte que “con el correr de los meses, y a medida que el estado físico y anímico de él y ella antes revolucionado por el amor se va sosegando, las cosas suelen cambiar”.

Según Majendri, “el torrente inicial de palabras puede llevárselo el viento, como bien afirma la sabiduría popular, que también señala que las promesas suelen quedarse sólo en eso: en promesas que finalmente decaen o no se cumplen. Para que la relación se asiente y consolide, se debe cultivar una buena comunicación, uno de los pilares de toda pareja que funciona”.

Según los expertos, estamos programados para desapasionarnos después de 18 a 30 meses de relación de pareja. En ese momento, los sentimientos pueden terminarse, pero también transformarse en una unión consolidada controlada por el corazón y la cabeza.

DESPUÉS DE LA PASIÓN, LA COMUNICACIÓN.

“Si se saben encauzar los sentimientos después del primer impacto visceral, se puede conseguir que el amor llegue a buen puerto y que se transforme en una relación más profunda y duradera”, explica la psicóloga Isabel Menéndez, psicoanalista, escritora y colaboradora de la revista Mujer Hoy.

Para la experta, “la transformación de una pasión repentina en un amor duradero requiere profundos cambios internos. Mientras el que vive la pasión niega sus defectos y carencias, creyéndose indestructible, los protagonistas de un amor verdadero reconocen los puntos débiles del otro y los aceptan”.

Según Menéndez, “la pasión nos hace altivos, y el amor humildes. La primera es rápida y el segundo se consigue día a día. Además, el arrebato excluye lo que no guarda relación con éste, mientras que el cariño incluye aquello que enriquece a los miembros de la pareja”.

Uno de los ingredientes clave para consolidar la relación, transcurrida la apasionada e inicial verborrea del enamoramiento, consiste en aprender a comunicarse de manera sincera y eficaz.

Para Majendri Marqués “es casi imposible que una pareja funcione bien, resuelva los problemas que surgen o que sus integrantes se  sientan a gusto con la relación, si no se comunican entre ellos, si no se expresan el uno al otro sus sentimientos, inquietudes y proyectos. El objetivo no es que hablen sin parar, sino que ambos se expresen y escuchen, para entenderse”.

“Antes de juzgar una situación o una actitud, hay que intentar ponerse en el lugar del otro, intentar conocer qué siente, cómo piensa, por qué  ha obrado de ese modo: en resumen, intentar comprenderle”, explica la experta para quien “nadie es dueño de la verdad ni puede esperar que los demás se comporten ni piensen igual que él. Hay que ser tolerante con la pareja siempre que sea honesta y no nos cause un daño físico o emocional”.

Para comunicarse bien es fundamental mantener el respeto, asegura la psicóloga que aconseja que “cuando no se está de acuerdo o se discute, hay que evitar los insultos o levantar el tono de voz. Es preferible posponer una conversación hasta que las emociones desagradables u hostiles hayan bajado de intensidad, para poder hablar con serenidad”.