¿Separación temporal?

5 11 2018

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Separase por un tiempo es una determinación que algunas parejas consideran cuando enfrentan una crisis que les lleva a plantearse la posibilidad de terminar definitivamente.

¿Es una buena idea? Puede ser, siempre que se cumplan ciertas condiciones. Mary Ann Martínez, consejera profesional especialista en terapia sexual y de pareja, explica que ha recomendado a sus pacientes alejarse temporeramente por diferentes razones. La principal es evitar que emociones fuertes les lleven a tomar decisiones bajo premisas incorrectas, como puede ocurrir durante un arranque de ira.

Pero además, una separación temporera puede dar un espacio, a veces necesario, para ordenar ideas y sentimientos. Paradógicamente, esta es la razón por la cual algunas personas pueden resistirse a la idea.

“Separarse es un arma de doble filo. A veces ayuda a que las aguas bajen de nivel. Otras, es todo lo contrario: uno o ambos pueden expresar que se sienten muy bien, como si se quitaran un peso de encima”, indica la consejera.

Frente a ambas posibilidades, cada pareja debe escoger si alejarse puede ser una alternativa a su situación. Eso sí, para que haya mayores probabilidades de reconciliación deben mediar ciertos acuerdos.

“La separación no es irse a tener vida soltero un rato para luego regresar”, aclara Matínez.

Por el contrario, el tiempo separados debe ser utilizado para trabajar, con ayuda profesional, en cómo superar los problemas que afectan la relación . Es necesario, indica Martínez, determinar cuánto tiempo durará, de qué manera y en qué momentos se comunicarán. Si hay hijos, hay que acordar cómo se les comunicará la decisión y se manejará la rutina de ellos, para que se afecte lo menos posible.

“A veces la pareja piensa que los niños no saben lo que está pasando simplemente porque no les dicen nada. Pero los niños saben cuando hay tensión”, dice la consejera.

También es fundamental que las dos personas se comprometan a escucharse y aceptar su grado de responsabilidad en las dificultades.

“No necesariamente será 50/50, pero siempre en las situaciones conflictivas (salvo cuando hay abuso), uno se alimenta de otro. Parte de la reconciliación es entender en qué estoy contribuyendo, porque no se puede corregir lo que no se reconoce”, apunta Martínez.

A las parejas, la consejera les recomienda que durante el proceso eviten convertir lo que acontece en “noticia de primera plana”. En vez, les exhorta a mantener la privacidad para evirtar que, con buena intención, terceras personas contribuyan a viciar el proceso.

Martínez, quien cuenta con casi dos décadas de experiencia, comenta que aunque no todas las parejas logran reconciliarse, las que sí lo hacen salen fortalecidas del proceso. Casi siempre, un factor común entre ellas es contar con una historia en la cual prevalecen los momentos buenos.

A veces, las separaciones duran más tiempo que el acordado e incluso, Martínez ha conocido parejas que tras divorciorciarse decidieron volver a intentar y les va bien. Eso no quiere decir que la separación fue un error. Por el contrario, quizás fue apropiada en un momento.

Para minimizar las dudas comunes que pueden surgir tras terminar con la pareja, Martínez aconseja conseguir la ayuda de un profesional que pueda observar la situación desde afuera y servir de mediador. Idealmente, esta persona ayudará a la pareja a trabajar con un elemnto muy importante para tener paz, aunque decida no mantener su relación: el perdón.

“El perdón libera, y en las relaciones de pareja siempre hay cosas que perdonar. Perdonar significa, no olvidar, sino cambiar la forma de sentirse con relación a lo que pasó”, asegura la consejera.

Igualmente, ayuda a ambas partes, aún cuando no queden como mejores amigos, conversar “para no dejar cabos sueltos”. Es decir, si tienes algo que decir, decirlo con respeto. Y si hay algo que deseas escuchar, solicítalo.

Todo esto es parte de lo que necesita la gente para evitar las suposiciones. O sea, andar preguntándose “y si hubiera dicho…”, “si hubiera hecho…”. También es es clave para no asumir la respuesta de preguntas que nunca se hicieron.

Eliminar los supuestos, asegura Martínez, alivia la incertidumbre que roba la tranquilidad en un momento tan difícil como lo es poner a una historia de amor un punto final.

fuente : http://www.clase.in

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Mala suerte en el amor

17 10 2018

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Es hora de aceptar el problema, sí eres tú. Pero puedes aprender.

Si llevas mucho tiempo solo, tal vez sí eres el problema y no es que no hayan más personas indicadas para ti en el mundo. Si bien no hay ninguna fórmula probada para conseguir pareja, al menos no una sincera, si hay ciertas variables que pueden retrasar la búsqueda.

No eres trasparente

No es que seas mentiroso, sino que no puedes mostrarte cómo eres realmente frente a los demás, impidiendo que te conozcan. La psicóloga Jacquie Vorauer, de la Universidad de Manitoba, explica esto como la “distorsión en la señal de amplificación”, que es “la tendencia a creer que comunicamos más de nosotros mismos de lo que realmente lo hacemos”. La importancia de ser trasparente va en que alguien se fije realmente en ti y no seas una sorpresa más adelante.

No sabes cortejar

La palabras no son tan útiles en el ámbito del cortejo. Según el antropólogo David Givens, en su libro “El Lenguaje de la Seducción” recomienda usar el lenguaje corporal para dar señales. En el caso de las mujeres puede ser tocarse el cabello, y los hombres mantener una postura erguida.

“Copiar las maneras hace que nos parezcamos más a la otra persona da una impresión subliminal de ser más atractivo. Quienes hacen las mismas cosas tienen el camino allanado para hacer más cosas juntos en el futuro”, señala Givens.

Ocultas el rubor

El rubor es parte del cortejo, no hay por qué evitarlo. “El trasero de un chimpancé hembra se vuelve rosado para mostrar su receptividad a los machos. Un caballito de mar se pone naranja cuando quiere atraer a su pareja. La cara de un hombre o una mujer excitados en esta primera parte del cortejo se pone roja”, explica Givens. Al final, ponerse rojo es una buena señal para el otro.

No te mueves bien

“Cuando un hombre encuentra atractiva a una mujer, en vez de decírselo con palabras puede alargar el brazo sobre la mesa, como si se dispusiera a tocarle el antebrazo o la mano” aunque nunca se la toque, dice Givens. Otra señal es inclinar el tronco hacia esa persona.

Callarse y entreabrir la boca también es una señal. “Refleja el deseo provocado por la atracción sexual. Los labios separados son comunes en las escenas románticas, cuando los miembros de pareja se acercan para darse el primer beso”.

No sabes interpretar señales

Si no te prestan atención, acéptalo y cambia de objetivo. Puede ser doloroso, pero menos que una decepción.

“Cuando una mujer se ve ignorada, rápidamente cambia su atención hacia otra parte aunque no se desplace. El hombre, menos habituado al lenguaje corporal, cree que ella sigue interesada solo porque sigue físicamente allí. Absorto en el rostro y la figura de ella, presta una menor atención a su comportamiento. Esta reacción psicológica masculina se conoce como pigmalionismo: enamorarse de estatuas“.

“Algunos hombres siguen haciendo la corte tanto si la mujer les presta atención como si no. Mientras tanto pasan por alto a las personas que les envían señales de aproximación. Son los hombres que tienen mala suerte con sus citas”.

No das segundas oportunidades

Las primeras veces para la gente tímida es difícil. No siempre hay que juzgar todo a partir de la primera cita. Si tienes algo de esperanza o dudas, es mejor ver cómo se da todo una segunda vez. Givens postula que si la otra persona es mas desinhibida, intente acercarse a través del tacto. “Como tienen un vínculo externo, diferente a ellos mismos, la conversación no parecerá invasiva o demasiado personal”.

Tratas de ser alguien más

“Para algunas personas la autorrepresentación consciente es una forma de vida. Monitoreando de continuo su propio comportamiento y registrando la reacción de los demás, modifican su comportamiento social cuando no ejerce el efecto deseado. Son esas personas que tienden a ser lo que se espera de ellas y que actúan como auténticos camaleones sociales”, explica David G. Myers en el libro Psicología Social. Esto puede servir para una cita de una sola vez, pero no para relaciones constantes.

Baja autoestima

Tener un bajo autoconcepto de ti mismo hará que tengas una imagen distorsionada de la realidad. Estoy seguro que eres una persona muy valorada por tu familia y por tus amigos, así que empieza a verte con esos buenos ojos.

Si continúas con tu bajo autoconcepto seguirás pensando de forma negativa hacia tu persona y eso hará que tus relaciones personales se vean perjudicadas, porque para que te quieran, primero debes quererte a ti mismo.

Prejuicios

Si eres una persona que acostumbra a tener prejuicios negativos de todas las situaciones es muy probable que tu realidad se vea distorsionada y te cierres puertas sin darte cuenta a nivel emocional.

Por ejemplo, si piensas que si tu pareja no tiene dinero no pueden ser felices, estás anteponiendo lo material al amor, o si crees que por tener más edad que tú ya son incompatibles, se te olvida que existen muchas parejas muy felices sin tener en cuenta la edad.

Mucho trabajo, poco tiempo

Si eres una persona centrada en tu trabajo y tienes una rutina muy marcada es difícil que te salgas de ella a no ser que sea algún caso especial, ¿verdad?

Piensa que si siempre estás siempre encerrada en los mismos lugares y círculos será difícil que conozcas a gente nueva para iniciar una relación.

Demasiadas expectativas

Es bueno ser exigente en el amor, pero las expectativas es otra cosa muy diferente. La perfección en el amor no existe y por eso debes renunciar a ese príncipe azul que sólo existe en tu mente. No es justo para la otra persona que tenga que pasar un examen emocional sólo para que te guste más o menos.





Relaciones de Amor – Odio

29 01 2015

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A menos que accedas a la frecuencia consciente de la presencia, todas las relaciones, y en particular las relaciones íntimas, acabarán fracasando y siendo disfuncionales. Puede que parezcan perfectas durante un tiempo, mientras estás «enamorado», pero esa perfección se altera invariablemente a medida que van produciéndose discusiones, conflictos, insatisfacciones y violencia emocional o incluso física…, momentos de tensión que suceden con creciente frecuencia.


Parece que la mayoría de las «relaciones amorosas» pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor-odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia del afecto. Esto se considera normal.


Si en tus relaciones experimentas tanto un sentimiento de «amor» como su opuesto —agresividad, violencia emocional, etc.—, entonces es muy probable que estés confundiendo el apego adictivo del ego con el amor. No puedes amar a tu compañero o compañera un momento y atacarle al siguiente. El verdadero amor no tiene opuesto. Si tu «amor» tiene un opuesto, entonces no es amor, sino la intensa necesidad del ego de una identidad más completa y profunda, necesidad que la otra persona cubre temporalmente. Este es el sustituto de la salvación que propone el ego, y durante un breve episodio parece una verdadera salvación.


Pero llega un momento en que tu pareja deja de actuar de la manera que satisface tus demandas, o más bien las de tu ego. Los sentimientos de miedo, dolor y carencia, que son parte intrínseca del ego pero habían quedado tapados por la «relación amorosa», vuelven a salir a la superficie. Como en cualquier otra adicción, pasas buenos momentos cuando la droga está disponible, pero, invariablemente, acaba llegando un momento en el que ya no te hace efecto.


Por eso, cuando los sentimientos dolorosos reaparecen los sientes con más intensidad que antes y, lo que es peor, ahora percibes que quien los causa es tu compañero o compañera. Esto significa que los proyectas fuera de ti y atacas al otro con toda la violencia salvaje de tu dolor.


Tu ataque puede despertar el dolor de tu pareja, que posiblemente contraatacará. Llegados a este punto, el ego sigue esperando inconscientemente que su ataque o sus intentos de manipulación sean castigo suficiente para inducir un cambio de conducta en la pareja, de modo que pueda seguir sirviendo de tapadera del dolor.


Todas las adicciones surgen de una negativa inconsciente a encarar y traspasar el propio dolor. Todas las adicciones empiezan con dolor y terminan con dolor. Cualquiera que sea la sustancia que origine la adicción —alcohol, comida, drogas (legales o ilegales) o una persona—, estás usando algo o a alguien para encubrir tu dolor.


Por eso hay tanto dolor e infelicidad en las relaciones íntimas en cuanto pasa la primera euforia. Las relaciones mismas no son la causa del dolor y de la infelicidad, sino que sacan a la superficie el dolor y la infelicidad que ya están en ti. Todas las adicciones lo hacen. Llega un momento en que la adicción deja de funcionar y sientes el dolor con más intensidad que nunca.


Ésta es la razón por la que la mayoría de la gente siempre está intentando escapar del momento presente y busca la salvación en el futuro. Si concentrasen su atención en el ahora, lo primero que encontrarían sería su propio dolor, y eso es lo que más temen. ¡Si supieran lo fácil que es acceder ahora al poder de la presencia que disuelve el pasado y su dolor, a la realidad que disuelve la ilusión! ¡Si supieran lo cerca que están de su propia realidad, lo cerca que están de Dios!


Eludir las relaciones en un intento de evitar el dolor tampoco soluciona nada. El dolor sigue allí de todos modos. Es más probable que te obliguen a despertar tres relaciones fracasadas en otros tantos años que pasar tres años en una isla desierta o encerrado en tu habitación. Pero si puedes llevar una intensa presencia a tu soledad, eso podría funcionar para ti.





Por qué espero que mi ex haya sido un tipo de amor único en la vida

27 12 2014

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Ayer me encontré con una amiga a la que no había visto hace tiempo. Durante nuestra rápida conversación para ponernos al día, ella me preguntó cómo estaba mi pareja. Después de que le di mi bien ensayada y educada respuesta “en realidad ya no estamos juntos, así que no estoy por completo seguro”, me puso la cara inmediata de pena y lástima que siempre me dan. Ya estoy acostumbrado a esa cara, supongo que es lo que pasa cuando la mujer con la que pensaste que te ibas a casar termina contigo, pero después de ponerme “la cara”, me dijo que ella sabe que voy a encontrar a alguien nuevo y que lo voy a amar de la misma manera, o incluso más.

Espero que esté equivocada. Espero nunca encontrar a alguien a quien ame al igual que a ella.

No digo esto porque sea un cínico, y tampoco porque tenga la esperanza de que volvamos a estar juntos. Lo digo simplemente porque el amor que compartí con ella fue demasiado para mí. Fue puro, fue apasionado, fue sobrecogedor, fue emocional, fue todo. Ella era en lo primero en que pensaba en la mañana y lo último que pensaba en la noche. Me sentía incompleto cuando no estaba cerca de ella, y cuando estábamos juntos era como si todo estuviera bien en el mundo otra vez. Era mi otra mitad, y lo que consideraba la mejor parte de mí. Es como si todo nuestro tiempo juntos fuera una montaña rusa de echarla de menos, amarla, odiarla y necesitarla.

Y le ruego a Dios no sentirme de esa manera nunca más.

Espero que mi ex haya sido el amor de mi vida porque nunca más quiero sentir esa clase de amor de nuevo. Lo tuve por tres años. Cambió mi vida y es algo que voy a apreciar por siempre. Encontré ese amor cuando aún era joven y amé cada minuto de ella. Incluso cuando peleábamos y la odiaba, la amé. Pero no quiero volver a sentirlo nunca más. Ese tipo de dolor y sufrimiento mezclado con un amor tan pasional fue mucho para mí. Mi corazón no pudo manejar todo eso y cuando ella decidió dejarme, no logré entender cómo el mundo podía seguir dando vueltas.

Un día el dolor en mi pecho dejó de hacerme daño y todos los pedazos rotos de mi corazón y mi alma parecieron unirse por sí mismos. Ahí fue cuando me di cuenta de que no necesito ese tipo de amor o esa especie de vida. No es que no quiera volver a enamorarme. No puedo esperar a que eso pase otra vez, pero espero y ruego porque esta vez sea un amor diferente.

No quiero que alguien más sea mi otra mitad, quiero a alguien que me haga sentir completo por mí mismo. No quiero extrañar a alguien tanto que me duela, quiero saber que incluso cuando estamos separados puedo confiar en ella y saber que volverá a mí. No quiero que ella sea en lo último que pienso antes de irme a la cama en la noche porque quiero que ella esté a mi lado cuando me vaya a la cama en la noche. No quiero que ella sea la mejor parte de mí, quiero que me impulse a ser el mejor yo que pueda ser por mí mismo. Quiero una pareja. Quiero a alguien con quien pueda contar las 24 horas del día, los siete días de la semana. Quiero un amor que me haga sonreír e ir a la cama completamente feliz con mi vida, no alguien que me mantenga despierto por las noches. No quiero una mujer que me trate como un rey y como lo más preciado en el mundo, quiero que trate así a nuestros hijos. No quiero ser el amor de su vida porque quiero que nuestra familia tome ese lugar.

Mi ex me enseñó más acerca del amor y de la vida de lo que ella jamás sabrá. Después de que terminásemos, mis amigos siempre me dijeron que ella nunca iba a encontrar a alguien que la amara tanto como yo lo hice. Lo decían para hacerme sentir mejor, pero espero que eso mismo sea verdad para ella también. Éramos jóvenes e inocentes y amábamos estar enamorados, pero era el tipo de amor incorrecto. Espero que haya sido un tipo de amor único en la vida para ambos de nosotros, y espero que un día ambos encontremos un tipo de amor mejor y más completo.





No fuimos novios, pero sigues siendo mi ex…

21 12 2014

Ex

Hay una diferencia entre un “ex novio” o “ex novia” y sólo un “ex”.

Un “ex-novio” es alguien con el que saliste seriamente por un período prolongado de tiempo, con el que mantuviste LA conversación y definieron lo que era la relación. Probablemente le dijiste que los amabas, pero luego terminaron, y la palabra “ex” fue puesta antes de pronunciar su antiguo título.

Pero ¿qué pasa con todos los demás? ¿Con aquel chico con el que sólo saliste un par de veces? ¿Qué pasa con la chica con la que te besabas normalmente borracho? ¿O con el chico con el que hablabas todo el día hasta que empezó a salir con alguien más? ¿Qué pasa con la chica con la que tuviste una aventura cuando estabas en México de vacaciones? ¿Qué pasa con aquel tipo con el que has coqueteado toda la vida aunque no haya pasado nada?.

Estas personas son sólo ex. Ese hombre con el que casualmente saliste durante un mes no es un ex novio, pero sí es un tipo de ex.

Algunas personas, especialmente los de diferentes generaciones, no creen que estas experiencias cuenten como “relaciones”, que carecen de intimidad, y que no deben ser considerados como un “ex” como tal. Pero el hecho de que no hayas salido oficialmente con alguien no significa que no tenías un trato íntimo con esa persona. ¿Ese tipo con el que te acostaste un montón de veces? Sabes cosas sobre él que su familia y amigos no saben, y que nunca lo harán. Tu sabes cómo se siente su cuerpo contra el tuyo y cómo es su dormitorio a las 2 am. Conoces los ruidos que hace durante el sexo y la cara que pone cuando tiene orgasmos. ¿Esa chica con la que saliste una o dos veces? Conoces su historia de vida, probablemente hayan hablado durante horas acerca de sus experiencias pasadas y lo que potencialmente quieren llegar a ser en un futuro. Puede que nunca más vuelvas a ver a estas personas, pero siguen siendo ex. La intimidad era real, simplemente no venía con ningún tipo de compromiso.

Y esa es la manera en la que nos gusta, ¿no? Somos jóvenes, sin ataduras y somos libres de hacer lo que queramos con quien queramos, así que ¿por qué no mantener la mayor cantidad posible de amores?. Me refiero a que seguramente si la persona correcta viene, entonces de todas maneras nos estableceremos con ellos. Pero hasta que no llegue ese momento, no hay nada de malo en tener suficientes ex en tu agenda hasta para poblar una ciudad pequeña.

Fuente: upsocl





COSAS JODIDAS QUE SUCEDEN CUANDO EMPIEZAS A SALIR CON ALGUIEN

30 08 2014

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Salir con alguien es la cosa más terrible que puede hacer una persona. Si en algún momento de tu triste vida ves que estás empezando a “sentir” “algo” por alguien, tienes que ser lo suficientemente fuerte como para extirpar esta idea de tus entrañas. Creedme, lo más triste del mundo es un hombre —o mujer— enamorado. Son seres capaces de hacer las cosas más indignas de este planeta, cosas peores que modificar el código genético de la soja o dejar el wi-fi conectado toda la puta noche. Cuando un ser vivo con cierta consciencia empieza a compartir ciertas horas de su día a día con otra persona con la que ha hecho un pacto de permisividad en el tema de tocarse mutuamente los genitales (lo que vendría a ser el “tener una pareja”) pasa a ser víctima de un conjunto de actitudes un tanto despreciables, poco coherentes con uno mismo. Y es que nunca existirá el mismo nivel de amor y aprecio entre estas dos personas y esto conllevará a vivir noches de llantos, platos rotos, facturas de abogados y pensiones alimenticias que convertirán a ese feliz recién nacido que salió del útero de su madre en un ser gris, triste y mal afeitado que empezará a desarrollar todo tipo de enfermedades relacionadas con el estilo de vida occidental. Si pese a todo sigues con la idea de salir con alguien, es recomendable que le eches un vistazo a este sencillo listado de handicaps relacionados con el inicio de la época de apareamiento:

Beber demasiado

Cuando empiezas a “quedar” con alguien realmente no sabes qué hacer. Aparte de los besos y abrazos tiene que haber algo más pero como no conoces a esa otra persona, no tienes ni idea de qué hacer fuera de la cama. De hecho quedar con tu pareja para tomar algo, cenar o aprovechar la oferta cultural de tu ciudad es solamente una excusa para terminar follando esa misma noche, que es lo que realmente los dos queréis. Para llegar a eso, ambos sabéis que tenéis que emborracharos un poco porque sois totalmente incapaces de deciros a la cara que lo único que queréis es ir a follar. Esta incapacidad de comunicación, de hecho, será lo que caracterizará vuestra relación y, finalmente, será lo que acabará con ella y te convertirá de nuevo en un soltero feliz.

Falta de sueño

Ahora que has convertido tus horas de sueño en “horas de hacer el amor” tu cuerpo y mente empezarán a deteriorarse. Si a esto le sumas que te pasas las tardes bebiendo como un cobarde con tu nueva pareja entonces, cuando cruces la puerta de la oficina donde trabajas, parecerás un tipo con PROBLEMAS de verdad, como si estuvieras teniendo un flirteo fuerte con las drogas. Claro que también puede parecer que por las noches te pongas un traje de murciélago y salves a esta puta moribunda llamada “tu ciudad” del crimen incesante que puebla sus calles. Joder, qué más quisieras, la triste realidad es que solo te estás a follando a un desconocido.

Olor

Conocer a una persona nueva te abre un nuevo mundo de experiencias sensoriales. De repente tu cuerpo huele a otra persona y te pasas el día oliéndote los dedos a escondidas. Vale, hueles a sus genitales —más que nada porque te pasas las noches amarrado a ellos— pero también a su pelo y a su piel. Empiezas a extrañar tu propio olor, de algún modo te estás descomponiendo como persona, tu individualidad se va desmontando como un rompecabezas. Ahora eres algo que ha quedado muy lejos de lo que eras y es posible que nunca más vuelvas a recuperar tu esencia primigenia, más que nada porque ahora está invadiendo el cuerpo de esa otra persona que tú llamas “cariño”.

Gases

Esto deriva de pasarse las noches bebiendo sin parar para terminar follando. Todo ese alcohol y gas ingerido se convierten en terribles gases afincados en tus intestinos. Este infierno se convierte en algo mucho peor cuando te encuentras tumbado en la cama abrazado a tu nueva y recién estrenada pareja. Evidentemente no quieres que piense que eres la clase de persona que se va tirando pedos por ahí sin ningún tipo de pudor y mucho menos de los que lo hacen en la cama, así que intentas aguantártelos durante toda la noche. Craso error, tu estómago se convierte en el jodido Hiroshima, tienes Ébola concentrado ahí dentro. A la que puedes te diriges al baño e intentas tirarte pedos mientras los disimulas tirando de la cadena pero resulta una tarea harta imposible, tienes demasiados gases y crees que el sonido será una barbaridad y tienes MIEDO. Un clásico es levantar la sábana y sacar el culo mientras la pareja duerme, entonces, con una destreza absoluta intentas gasear la habitación con el mayor silencio posible, como soplando las velas de tu séptimo aniversario. Entonces, si lo logras sin despertar a nadie, sientes el alivio absoluto, como Jack en el final de Perdidos. Lo que no sabes es que en ese mismo momento tu pareja puede estar haciendo exactamente lo mismo. Es lo que tiene el amor.

Es curioso porque con el tiempo empezaréis a tiraros pedos sin problema, con total soltura. Primero será algo simpático pero luego, cuando en vez de decir “hola” al llegar a casa te limites a soltar una buena ventosidad, significará que la relación está empezando a deteriorarse. Esos pedos serán incluso como insultos salidos directamente del recto. Todo lo que no te atrevas a decirle —que esas ensaladas que hace con pasas son una mierda— saldrá en estado gaseoso de tu culo. El desprecio en estado puro.

Sentimiento de inferioridad

A mí al menos me pasa. Cuando conozco a alguien, los primeros meses me siento como una mierda, como alguien totalmente inferior a mi pareja. Analizo mi forma de vida y pienso que no soy nada y que no sirvo de nada. Ella tiene un curro de verdad, uno que sirve de algo mientras que yo no sé ni dónde estaré dentro de dos meses. Ella gana dinero de verdad, tú sobrevives. Entonces empiezo a pensar que esto de salir tanto e ir a conciertos y gastarme un 50% del sueldo en discos es demasiado inmaduro. La tristeza me inunda y me avergüenzo de mí mismo. Con el tiempo esta situación se invierte y empiezo a pensar que mi vida es la hostia y que vivo de puta madre mientras que ella se pudre con su curro de mierda ya “establecido”. Ella es una víctima del sistema, yo un poeta urbano.

No tienes dinero

Pese a que nunca lo habías hecho, ahora tienes que hacer regalos. Tu dinero ya no significa discos y bolsas de pelotazos, ahora significa tener que gastarlo en otra persona. Cuesta acostumbrarse.

Comunicación constante

Cuando no estás con tu pareja necesitas estar con ella de otro modo. Te conviertes en un ser conectado al teléfono, mandando mensajitos todo el puto día. Dejas de vivir en el presente para vivir en otro sitio que nadie logra comprender. Un sitio entre la realidad y la ficción llamado “Amor”, cuya capital es “Capullo”, donde, por cierto, hacen unos buenos bocadillos de tortilla.

Cambios constantes en la actitud

Una relación es una montaña rusa sentimental y para subir en ella tienes que canjear tu dignidad. Cualquier pequeña mierda se convertirá en un debate importantísimo que pondrá en jaque la tranquilidad de vuestra relación y la estabilidad política del país. Estos cambios de actitud harán que desde fuera parezcas uno de esos marineros que se pasean por el puerto a altas horas de la madrugada meándose en el mar y pensando que el orín es un sedal y que están pescando como “en los viejos tiempos”. En fin, un puto loco.

Ahora tu vida es tu pareja

Coge todo lo que tenías antes y tíralo a la basura. Ahora tu vida es esa otra persona. Nada más importa. El cine tiene casi 120 años de historia y el hombre es capaz de salir del planeta Tierra pero te sigue interesando más esa tía que no sabe ni utilizar un bidé.

Higiene personal

Por primera vez en tu vida tendrás que cambiarte de ropa interior CADA maldito día, no vaya a ser que tu pareja piense que eres un degenerado. Esto, en el fondo, te hundirá en una depresión sin salida.

Traicionarse a uno mismo

Ahora, de repente, te gusta la jodida pizza con piña.

Pretender ser un tipo sano

Tu pareja tiene que pensar que te cuidas, al fin y al cabo estás introduciendo tu semen en su vagina o estás albergando su nardo en tu interior. Ya no puedes comer esas mierdas que tanto te gustaban que vendían en la semana americana del Lidl. Adiós a los noodles, a los frankfurts crudos y a la felicidad.

Hay cientos de cosas jodidas que uno hace cuando empieza a salir con alguien pero el tiempo en la red es limitado y no se pueden enumerar todas. Seguro que vosotros, los humanos, tenéis un buen puñado de aportaciones interesantes. En fin, lo que tiene que quedar claro es que empezar a salir con alguien significa convertirse en otra persona y esperar a que llegue el momento en que uno de los dos empiece a hartarse de toda esta mierda demencial y vuelva a recuperar de golpe todas sus costumbres de siempre, estallándote en la cara como el agua de una presa que acaba de ser reventada. “Reventar”, este es el verbo adecuado para describir el estado actual de tu relación.

By Pol Rodellar para Vice





¿Tienes miedo a enamorarte?

18 04 2014

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¿Has sentido pánico cuando el amor de pareja llega nuevamente a tu vida? ¿Por qué se siente temor cuando la sonrisa del amor está instalada en tu cara?

En un artículo publicado en la revista Psychology Today, escrito por la psicóloga Lisa Firestone -especialista en relaciones de pareja y familia-, la experta responde a este contradictorio sentimiento, que florece en algunas personas, cada vez que se inicia una nueva relación.

“Lo que sucede es que nos da miedo vivir realmente el amor. A veces somos más conscientes de este miedo, otras, no tanto”, afirma.

En ese sentido, asegura que “todos” albergamos defensas que creemos que nos protegerán de ser lastimados y que éstas se puede manifestar a través de los miedos, tanto al inicio como en etapas posteriores de la relación.

Para Ana Garrido Cruz, psicóloga del Centro Médico Misalud Mental este miedo aparece con mayor realce, cuando la persona tiene una sensación de fracaso, inseguridad y con una autoestima debilitada, ligada a una relación anterior.

Las 7 razones

Ante ello, para entender el miedo que causa el amor, Garrido Cruz las principales 7 razones y creencias que ocasionan pánico y ganas de salir corriendo del amor.

1. El verdadero amor nos hace sentir vulnerable: Amar de verdad implica estar constantemente frente a otro, el cual nos reflejará tal como somos, y estaremos expuestos y sin máscaras. Esto da miedo, pero al aceptarlo disminuye su intensidad.

2. Un nuevo amor resucita las heridas del pasado: Puede ser que pase en algunos casos. No obstante, también hay que darse la oportunidad de vivir el amor de una manera distinta y hasta reparadora de esos dolores. Todo depende del grado de evolución que se tenga y el cómo se hayan elaborado las experiencias pasadas.

3. El amor desafía una antigua identidad: Si sientes esto es porque tu actual “identidad” es frágil, y en tal caso, el nuevo amor lo estás tomando como un “desafío”relacionado con tus carencias, más que con lo que te sucede realmente con la actual pareja. Es decir, es un miedo personal.

4. Con la verdadera alegría viene el dolor real: Esta razón se da cuando existe una tendencia a polarizar las experiencias, lo cual no ayuda para nada. Para salir de esta creencia, debes aprender a equilibrar y armonizar la co-existencia de las experiencias y sentimientos positivos y negativos a la vez.

5. El amor es a menudo desigual: Para traspasar este temor, hay que entender que el “ritmo” en que evolucionan los afectos es algo muy personal y subjetivo. Pero no impide que dos personas en una relación puedan tender a trabajar en la búsqueda de la vivencia de estar “igualados”. Ahora, es poco aconsejable andar midiendo y comparando porque eso causa inseguridad en ambos lados.

6. Las relaciones pueden romper la conexión familiar: Una relación afectiva y un enamoramiento intenso pueden incitar un cambio importante en la forma de vida, creencias, hábitos, etc. Y tal vez, este cambio sea poco compatible con el estilo y el aprendizaje que se trae desde el ambiente familiar. Es una disyuntiva que se tiene que resolver para que no se convierta en un miedo paralizante.

7. El amor suscita temores existenciales: Cuando el amor es genuino, honesto y verdadero te hace enfrentar abiertamente el dilema de la existencia y te preguntarás: quién soy, qué puedo dar en la vida, qué quiero, qué merezco recibir, etc. Es decir, cuál es el sentido de tu vida y qué significa para ti estar con esa pareja. Pero no hay por qué temerle a esas preguntas; un verdadero enamoramiento implicará un crecimiento “obligado” como persona, y el afrontar este tipo de temores, te hará tener una existencia plena y diferente.