La Guerra

23 03 2019

La Guerra

The War……………………..La Guerre

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Pongámonos simplones: la guerra, con misiles o sin misiles inteligentes antibunker, tecnología stealth y submarinos armados con suficiente poder nuclear para destruir la tierra nueve veces, se hace hoy de la misma manera que hace mil, dos mil, tres mil años. A un primer nivel, el que afecta a las personas, la premisa es mueres tú o muero yo. En segundo, el que afecta a las naciones, la premisa es dominas tú o te domino yo.

 Sun-Tzu, estratega chino y autor del tratado militar más antiguo del mundo, El arte de la Guerra,lo pone en palabras sencillas: “El arte de la guerra es de vital importancia para el estado. Es una cuestión de vida o muerte, de seguridad o desastre. De ahí que sea objeto de estudio y que de ningún modo deba ser ignorado”. Para Sun-Tzu, cinco condiciones determinan el resultado final de una guerra:

1.- La Ley moral: “es la causa de que el pueblo esté en completo acuerdo con sus mandatarios, de tal manera que seguirán sin importarles su vida, sin preocuparles de cualquier peligro”

2.- Cielo “significa noche y día, frío y calor, épocas y temporadas”

3.- Tierra

“abarca distancias, largas y cortas; peligro y seguridad; campo abierto y pasajes angostos; las probabilidades de vivir o morir”

4.- El Comandante “ve por las virtudes de la sabiduría, la sinceridad, la benevolencia y el coraje”

5.- Método y disciplina“la dirección del ejército y sus subdivisiones formales, las graduaciones de rangos entre los oficiales, el mantenimiento de caminos por los que llegaran las provisiones al ejército y el control de las expediciones militares”

 Hacer la guerra es el negocio más antiguo de la humanidad, una forma de vida que junto con la religión, la ha dado forma al mundo tal y como lo conocemos.     La guerra ha levantado y derribado naciones, héroes, ha permitido avances tecnológicos ,activado economías y ha sido una inspiración para las artes. La guerra es el motor del cambio. Y como, se decía, se hace del mismo modo que hace miles de años.

Tal vez algunos no recuerden esto pero alguna vez el planeta Tierra estuvo dividido en dos: el mundo libre’ y et mundo detrás de la cortina de hierro’. El primero creía en los valores del libre mercado y era de defendido por Estados Unidos. El segundo creía en los ideales del comunismo y tenia de su lado a la Unión de Repúblicas Social Soviéticas. Esta división, nacida al final de la Segunda Guerra Mundial, duró casi cuatro décadas y se llamaba guerra fría. Durante el periodo el planeta vivió la carrera armamentista más intensa y peligrosa de la historia. Según la Brookings Institution organización especializada en el estudio de las armas, a principios los sesenta, sólo Estados Unidos contaba con suficientes ojivas nucleares para detonar el poder de 20 mil megatones (aquella bomba de Hiroshima  era de 20 megatones, ustedes hagan las cuentas).

Una morbosa competencia para alcanzar armas atómicas y amedrentar al rival tan sólo con la posesión de ellas -y la amenaza de estallarlas- surgió entre Estados Unidos y la URSS. Submarinos de la clase Polares, ubicados en puntos estratégicos (eran y todavía son) capaces de  alcanzar en cuestión de minutos las principales ciudades enemigas. El misil balístico intercontinental, un cohete que puede equipararse con una ojiva nuclear, fue sin embargo el invento más impresionante de la guerra fría. El Almirante Arleigh Burke, jefe de operaciones navales de Estados Unidos, declaró en 1957 que una flota de 45 submarinos Polaresson suficientes para detener y destruir a la Unión Soviética.

Hasta el Muro de Berlín en 1989 -año en el que algunos dicen que termino el siglo XX-, las lealtades eran fácilmente identificables: buenos y malos, dependiendo si se poseía alma capitalista o rojilla. Los soviéticos tenían la bomba y los gringos también.

Aunque pocos podían estar a favor de las armas atómicas, hay otras maneras más sutiles por las que la ciudadanía demuestra su apoyo al gobierno en tiempos difíciles. En la Segunda Guerra Mundial, el hombre común como se dice el documental de Saving Private Ryan, vio que “estaba en sus manos poder hacer algo por el país”. Otras guerras más ambiguas, como Corea, Vietnam o el Pérsico, encuentras más complejo el reclutamiento de los individuos. Muhamed Ali, por ejemplo, se negó a pelear en Vietnam, ya la comisión de boxeo del estado de Nueva York le quitó el titulo de campeón Mundial y su licencia para pelear en 1965. Hasta fue sentenciado a ir a la cárcel. Elvis Presley, en cambio, se enlisto en el ejercito en 1957. Nunca peleó y sirvió un tiempo en una base en Alemania. Fue un modelo de obediencia hacia la ley moral.

¿Hoy quiénes son los buenos y quienes son los malos? Cuando colapsó la URSS y sólo quedó una superpotencia en pie, la atención del público se centró en el narcotráfico. El enemigo era el vendedor de drogas que envenenaba a nuestra gente. Ahora, en el amanecer del siglo XXI, el terrorismo es el blanco. “Estados Unidos ha asumido el rol de líder en la promoción de la libertad, el libre mercado  y la paz mundial”, se lee en la introducción del manual Weapon System 2002  editado por el US Army. “Inestabilidades regionales, fanatismos religiosos, maldad oportunista, estados fragmentados y terrorismo, luchas étnicas y la proliferación de armas nucleares, biológicas y químicas de destrucción masiva son algunos de los retos que enfrentamos”.

Una vez que un país asume tantas responsabilidades, hay que pensar con qué medios lo hará. Y eso es lo increíble; el presupuesto de 2003 de Estados Unidos para la lucha contra las drogas es de 19 millones de dólares. En cambio, el presupuesto de las Fuerzas Armadas de ese país es de 370 mil millones de dólares. Los documentos oficiales del Departamento de Defensa consideran sólo una cosa; que el país está en estado de guerra contra el terrorismo.

Dos grandes líderes castrenses cayeron en Rusia: Napoleón y Hitler. La tradición dice que “los derroto el invierno”. Napoleón marchó de Kovno a Moscú  en junio de 1812 con un ejército de  500 mil hombres. Se retiró casi en noviembre, derrotado, con unos 100 mil sobrevivientes –la heroica resistencia ruso esta plasmada en la Obertura 1812de Tchaikovsky-.

Adolf Hitler, por su parte, invadió la URSS en el verano de 1941. El “conflicto personal” entre Hitler y Stalin cobró la vida de 30 millones de personas. Tan sólo la primera semana del blitzkrieggermano perecieron 150 mil soldados rusos. Durante el sitio de Stalingrado, el momento más helado de la Segunda Guerra Mundial, un millón de soldados rusos murieron. En su cúspide, el promedio de vida en esta ciudad era de 24 horas. La enorme determinación del ejercito rojo derrotó a Alemania después de tres años de lucha. También era un escenario en el que los invasores no sabían moverse. Los sitiados conocían su hogar.

Ahora, las guerras pueden pelearse en cualquier momento y condición. La Guerra del Pérsico se dirigió desde el Pentágono, en Washington. La OTAN ha bombardeado las fuerzas disidentes, de lugares como Bosnia y Kosovo, con misiles inteligentes, siempre dirigidos a blancos militares, aunque de vez en cuando sale en las noticias un “errorcito” en cálculos

Hoy los soldados prueban gogles de visión nocturna, miras térmicas, misiles “de hombro” como el Javelin, que lo mismo derriban un avión comercial que penetran un búnker bajo tierra, centros de comando computarizados, con imágenes digitalizadas del campo de batalla y sistemas satelitales. El secretario general de la OTAN Lord Roberston, recientemente declaró, refiriéndose al terrorismo, que “las fuerzas militares de ayer –arsenales gigantescos de tanques, cuarteles estéticos y soldados inflexibles- no sólo son inútiles al encarar estas nuevas amenazas, sino que absorben los recursos de una urgente modernización”.

La KFOR (Kosovo Force) es un ejército multinacional financiado por la OTAN y que, con permiso de la ONU, entró en Kosovo en 1999 para mantener la “seguridad”. Detrás de ese esfuerzo, aparentemente pacificador, está Estados Unidos. Una larga tradición de intervencionismo los secunda. ¿Por qué les gusta pelear en tierras ajenas? Sólo dos conflictos se han dado en territorio estadounidense desde la formación del país en 1777 (la guerra de revolución y la guerra civil). No obstante, desde 1945, los gringos han intervenido, directamente, o tras bambalinas, en conflictos en China, Grecia, Filipinas, Corea, Irán, Guatemala, Vietnam, Camboya, Congo, Brasil, República Dominicana,, Cuba, Indonesia, Chile, Nicaragua, Granada, Libia, Panamá, Irak, Afganistán, Haití, y Yugoslavia. En algunos instauraron gobiernos fascistas –como el caso de Chile-, en otros, como en la larga guerra de Vietnam, se encontraron en una invasión militar de gran escala. De 1960 a 1975 en Indochina se arrojaron más bombas que en toda la Segunda Guerra Mundial. Un millón de personas murieron – sólo 58 mil soldados norteamericanos-, sobre todo civiles, miles afectados por el Agente Naranja o NAPALM, sustancia química que quema la piel y provoca mal formaciones genéticas en las nuevas generaciones por nacer.

El consejo nacional de la ONU es el responsable de fungir como “policía del mundo”y, en muchos casos, de darle permiso a Estados Unidos para que intervenga militarmente. Este consejo está formado por 15 miembros, aunque 5 de ellos son permanentes y a la hora de las decisiones, tienen poder de veto: Federación Rusa, China, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.

 Lejos han quedado los días en los que Roosvelt, Churchill y Stalin motivaban a su pueblo, a veces con tácticas salvajes (como enviar a los disidentes en un tren a Siberia), a veces con discursos retóricos y demagogos ( aquel famoso de “el día de la infamia”). Napoleón, el general más perfecto de la era moderna, decía: “El corazón de un estadista tiene que estar en su cabeza”. Muchos locos han dirigido ejércitos masivos. Tienen en sus manos las vidas de millones. Eric Margolis, en una pieza de The Toronto Sun, dice que “espasmos de violencia, conductas irracionales y castigos sangrientos, conducta terrible tenía una policía secreta (los opritchniki) que se dedicaba a cortar las cabezas de los conspiradores, y Pedro el Grande torturaba a los nobles. Que decir de Stalin: se la acusa, aunque no se sabe a ciencia cierta, de la muerte de 30 millones de seres humanos (ocho millones de ucranianos, aunque nadie parece armar alharaca del holocausto ucraniano). Hitler, en comparación, mandó matar a doce millones (la mitad judíos). El soviet supremo, sin embargo, fue parte de los aliados, y eso lo “liberó” de ciertas culpas. “Hitler fue inflado como un villano, y Stalin minimizado por los victoriosos británicos y norteamericanos”, escribió Margolis, “quienes, por su puesto, no deseaban ser cínicamente vistos por usar un gran monstruo para derrotar a uno menor”.

Locos modernos también existen, como  Saddam Hussein. La Foreign and Commonwealth office inglesa, basándose en reportes de Andreas Mavrommatis, inspector de la ONU, publicó un informe en el que habla de las condiciones de vida en Irak: tortura, persecución étnica ( a los que les toca aquí es a los Curdos y a la comunidad Shia), asesinatos arbitrarios y condiciones infrahumanas en prisiones –sólo en México no tenemos un dictador, pero pasan cosas muy similares-. Entre las torturas se cuentan globos oculares extraídos completamente de las cuencas, baños en ácido clorhídrico y violación anal a hombres y mujeres con botellas de vidrio rotas.

Otros locos, aparentemente más civilizados, están de este lado del charco. La contraparte de Saddam Hussein, George W. Bush, graduado de Yale y con maestría en Harvard, piloto de caza y uno de los dueños de los Rangers de Texas, no ha dado muestras de cabalidad al referirse al problema iraquí. Al contrario, parece chamaco berrinchudo que a toda costa quiere hacer pomada lo que queda de Irak. “El dictador de Irak es un aprendiz de Stalin que uso el asesinato como un arma de control”, declaro Bush el año pasado. También, “éste es un hombre que continuamente miente” y, la mejor de todas, dirigiéndose al senado de su país: “Después de todo, este es el tipo que quería matar a mi papá”. ¿Estos son los lideres del siglo XXI?

Decíamos que hoy la guerra puede pelearse en cualquier lugar y bajo cualquier condición climática, pero eso cuesta. Todo cuesta. Los ejércitos “de paz” de la ONU y la OTAN reciben donaciones millonarias de los países desarrollados para mantenerlos bien equipados y en estado de alarma. Enviar 370mil soldados al Golfo, 1,500 aviones, 800 helicópteros, 800 tanques y 60 buques le costaría a los contribuyentes gringos 13 mil millones de dólares mensures. La operación Enduring Freedom, bajo la cual Estados Unidos invadió Afganistán, costó 4 mil millones de dólares mensuales.

El costo de una hora de vuelo d un avión F-18 Hornet de la armada estadounidense, considerando distancias y combustible, es de 5,000 dólares.

Al final, todo tiene que ver con el dinero. Durante la Segunda Guerra Mundial, el 40% del producto interno bruto de Estados Unidos se destinaba a las fuerzas castrenses. Hoy, sólo el 3%, yeso incluye dos invasiones en un lapso de un año, más la inversión para mantener la paz en los Balcanes Los contribuyentes bingos pagan su parte para tener patria y libertad, pero el ejército hace su agosto: durante el primer bloque de la administración Clinton, de 1993 a 1997 –tiempos de paz, mucho ojo-, el gobierno de Estados Unidos vendió más de 190 mil millones de dólares en armamento alrededor del mundo (cifras oficiales, sin contar lo que pueda irse por debajo del agua). Esto incluye a mucho de sus enemigos actuales.

Con tres millones de empleados y más de 30 millones de acres en instalaciones, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos es la corporación más rica y poderosa del mundo. Es algo que Sun – Tzu no pudo predecir. Se acerca

  





Silabario

23 03 2019

Estas compenetrada en mis entrañas.

Tu vestigio de humedad recrudece mi delirio.

Lejos de ti soy una sombra sin contornos un fantasma desmadejado                                     un recuerdo prendido como volante de papel.

EL HUBIERA ES LA CONJUGACION DEL VERBO EN TIEMPO PERDIDO

YO CAMINO, ES LO UNICO QUE SE HACER Y LLORO EN SILENCIOS INÉDITOS EN SOLEDADES CLANDESTINAS… SIN LÁGRIMAS.

“Aquellos absurdos sueños eran, cuando menos, hermosos”