Consejos para sanar un corazón roto

31 03 2012

Siempre ha sido difícil sanar un corazón roto, pero hoy parece una prueba titánica, sobre todo porque nuestra vida no se termina cuando dejamos de vernos, sino que continúa en las redes sociales. Aunque bloquees a tu ex, algunas fotos de ambos permanecerán en los muros y álbumes de tus amigos en facebook. Y cuando creías que habías superado la pérdida, reaparece por ahí alguna noticia o una foto que te remueve hasta lo más profundo.

Decir que uno anda con el corazón roto no es sólo una frase de sentido figurado. Los científicos han comprobado que el rechazo de la persona amada provoca en nuestro organismo el mismo dolor que las heridas y las enfermedades físicas. Podemos evadirlo por algún tiempo, pero éste reaparecerá apenas tengamos un momento de introspección, porque la herida está abierta y necesita sanar antes de que se “infecte” de ira o se “atrofie” de amargura…

Para curarse hay que empezar por bajar la guardia, dedicarse a sentir para saber dónde hay que poner más cuidado. Al igual que los huesos, hay que dejar que el corazón sane por sí solo, pero hace falta ayudarlo con algunos gestos:

Asume la ruptura. Puedes sucumbir a la tentanción de negar el dolor y evadirlo con excesos (fiestas interminables, jornadas de 14 horas de trabajo, litros y litros de helado o sexo al pormayor), o puedes dejar que tu alma se endurezca tanto que nadie quiera acercarse a ti. Pero un corazón roto es como una bomba de tiempo, tarde o temprano, aunque no quieras, estallará. En el fondo, se requiere más valor para estar triste que para fingir andar alegres; nos rebelamos ante el dolor y lo negamos porque nos han hecho relacionarlo con los “perdedores”, pero no es verdad. El duelo y la tristeza nos dan una sabiduría más importante: saber a quién amamos y reconocer a quien nos ama.

Música para sanar. Haz uno o varios playlist para esos momentos difíciles del día. (No está de más decirlo: evita las canciones que escuchabas con tu ex y las que te deprimen. Se trata de salir, no de cavar más profundo.) Tú sabes qué canciones te ponen de buenas y te conectan con tu fuerza interior. ¿Listo el playlist? Ahora ¡canta sin pudor! El aire, las vibraciones y las endorfinas también liberarán la opresión de tu pecho.

Canaliza los pensamientos negativos.Todos sabemos que lo más sano es reconocer los errores, perdonar y avanzar. Pero la mente tiene una vocecilla castigadora que en los momentos de vulnerabilidad se esmera en juzgar e inmovilizar. La meditación es una excelente forma de silenciarla y ganar terreno para la energía positiva. También puedes optar por salir a caminar o ayudar a alguien más. Pero si la voz insiste y te hace daño, entonces ponle atención, deja fluir esos pensamientos, recurre a la escritura automática, libera tu mente. Duerme, toma distancia y vuelve a lo que escribiste cuando te sientas mejor. Si hace falta seguir drenando tu mente, no te limites.

¿Duelo o depresión? La línea que los separa es muy delgada, por eso es bueno saber distinguirlo. Una forma muy sencilla: cuando estamos tristes, todo nos importa, nuestra sensibilidad se agudiza; en una depresión nada es importante porque la poca energía que tenemos se va en pensamientos de derrota y autoflagelación.

Ponte en paz con tu ex. Aunque suena completamente fuera de lugar y tus tripas te digan que es imposible, es un paso muy poderoso hacia la sanación. No se trata de hablar con tu ex y decirle que lo amas y lo extrañas, pero al mismo tiempo lo odias por un sinfín de motivos. Hacer las paces con tu ex (en tu corazón) es un ritual interior y tiene que ver sólo contigo; te dará la tranquilidad que necesitas para sanar, para liberar el enojo y perdonarse. (Si leíste Comer, rezar y amar sabrás lo poderoso que es “soltar” a tu ex).

Escribe la historia de tu relación. Puedes comenzar de principio a fin, del presente hacia el pasado, dar saltos en el tiempo… Hazlo como prefieras, pero date la oportunidad de externar tu drama interior. Por más extraño que parezca, es una actividad terapéutica muy poderosa pues te permite mirar las tensiones e intenciones que permanecían ocultas a tus ojos por una mera cuestión de perspectiva. Al estar “fuera” de esa historia, verás algunas señales en las que tal vez no habías reparado.

Entrega amor. Uno piensa que va a morirse de tristeza y de vacío, pero no es así. Mira a tu alrededor, tu familia, tus amigos, tu mascota, tus plantas, tus vecinos… el amor no es una persona, es una energía que mueve a la gente. Cada día, cada situación es una oportunidad para dar y recibir amorosamente; pequeños gestos tienen efectos enormes. Reúnete con tus amigas, ofréceles algo que hayas preparado; sal a jugar con tus sobrinos y entrégate a la experiencia de sus risas; ayuda a tu abuela o a tus padres a mejorar su casa. Eso también es amor del bueno que volverá a ti multiplicado.


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