El Amor también duele

16 03 2011

Yo era muy joven cuando el grupo R.E.M. sacó su canción “Everybody hurts”. Me fascinaba y la cantaba a todas horas como un himno de adolescente melancólica, pero en realidad no le entendía por completo. Pasaron los años y hace un par de semanas la volví a escuchar. Me hizo más sentido que antes, quizás porque hoy sé que no importa cuánto amemos o cuánto nos amen, tarde o temprano nos haremos daño.

Sin excepción, cuando dos seres humanos establecen una relación surge un conflicto, simplemente porque cada uno es un cúmulo de deseos y necesidades que a veces corren en sentido contrario. Sería lindo decir que el amor es inofensivo, pero no es verdad, en el paquete vienen incluidas las heridas. Lo interesante es lo que hagamos con ellas, qué tan preparados estemos para superarlas y cómo le hacemos para recuperar la confianza y volver a abrirnos al amor.

Lo primero que hay que aceptar es que cualquier persona que esté cerca de nosotros puede hacernos daño, de la misma forma en la que nosotros le hemos hecho daño a alguien sin querer y luego nos hemos arrepentido. No hay que ser tan duro con los demás, porque tampoco queremos que ellos sean implacables con nosotros, ¿o si? Antes de condenarlos en la inquisición personal, hay que averiguar si fue a propósito.

Conocer a una persona muy bien o amarla locamente no va a evitar que nos lastime. Hay que crear una estrategia, tomar precauciones, identificar cuál es nuestro talón de Aquiles, saber en qué momento estamos más vulnerables y estar preparados para ello.

Todos tenemos manías y vicios de carácter, hasta el príncipe más azul de los príncipes azules tiene un gran defecto y puede usarlo para lastimarnos. Lo malo no es que ocurra de vez en cuando, sino que lo haga de manera consciente y repetida. En esos casos, hay que establecer límites y ser firmes. Para enseñar a los demás a que nos traten como queremos ser tratados, primero tenemos que averiguarlo.

Revisemos con nosotros mismos (o con la ayuda de algún terapeuta) qué tipo de relación queremos, qué comportamientos nos lastiman, qué tipo de gente queremos alrededor, qué estamos dispuestos a negociar y qué no, qué podemos tolerar. Y no basta con saberlo, hay que establecer prioridades y practicar a diario, aprender a defenderse y a no ofenderse es una de las artes de la vida en pareja.

Tomemos como ejemplo el momento de la discusión. El otro empieza a levantar la voz y a lanzar sus primeros dardos. En vez de quedarnos callados o gritar al parejo, establezcamos un límite: “Mientras grites o lances ofensivas no pienso hablar contigo, búscame cuando estés más tranquilo”. Aunque tengamos muchas ganas de discutir, si los ánimos están exaltados, hay más probabilidades de lastimarnos uno al otro.

Aprender a abrirse al amor después de haber sido lastimado es todo un reto, pero hay que aprender a perdonar, no sólo al otro, también a nosotros mismos por habernos puesto en una situación así. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, creo que esto también funciona al interior de las relaciones; hay heridas y discusiones que nos fortalecen como pareja, pero sólo si estamos dispuestos a aprender la lección.

Tomado de: http://mx.mujer.yahoo.com/blog/Luza-Alvarado/Heridas-de-amor-119.html
Por: Luza Alvarado, el 14 de marzo de 2011, 07:37 AM


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One response

27 05 2013
mari

pues qke esta reflexion esta bonita y nos sirve de algo🙂

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