En defensa de la tauromaquia

19 09 2010

Ahora que la tauromaquia ha sido prohibida en Cataluña, me llaman la atención la saña, la arrogancia y la hipocresía de los autoproclamados defensores de los animales.

Sus argumentos parecen indestructibles. La crueldad contra los animales es algo que no debe permitirse, dicen. Y luego rematan, con los ojos inyectados de ira, que por qué no mejor me clavan banderillas y me pinchan los huevos a mí, o a cualquier otro que no esté de acuerdo con ellos.

En su discurso hay varios no conceptos. Es decir, afirmaciones que suenan coherentes y verdaderas, pero que realmente no lo son.

Decir “no a la crueldad contra los animales” es como decir “no a la pobreza”. ¿Quién va a estar en contra? Nadie. Pero si yo digo que para acabar con la pobreza hay que abolir la propiedad privada, expulsar los capitales extranjeros y matar a todos los ricos (y las tres cosas se han hecho “por el bien” de muchos países)  entonces habrá quien esté en contra.

Para hablar de crueldad hacia los animales, hay que ponernos de acuerdo sobre qué entendemos por crueldad.

Según Wikipedia, se es cruel “por indiferencia hacia el dolor ajeno”, y también “por la obtención de placer causando el sufrimiento de otros”. Entonces está clarísimo: sacar al ruedo a un toro, picarlo y luego matarlo para el disfrute de un público es un acto cruel. Esto es indiscutible.

El problema es que comerse unos tacos al pastor, una riñonada, una pechuga de pollo o un bistec, también es un acto de crueldad. A los cerdos, cabritos, pollos y reses que nos comemos también los mataron. Y cuando los mataron les dolió. Y somos indiferentes a ese dolor y gozamos comiéndonos a esos animales.

Todos los que comemos carne somos crueles. ¿No tan crueles como los taurinos? Entonces ya hablamos de grados de crueldad. ¿Quién es más cruel, alguien que se come sus jochos haciendo como que no son de animal, o un aficionado a la fiesta brava que disfruta ver morir a un toro?

Yo creo que en grado de crueldad, son iguales. Pero el carnívoro indiferente es, además de cruel, hipócrita. No está en contra de que maten a los animales, lo único que quiere es que no los maten en su presencia.

Hay gente que opina abiertamente que un animal vale más que un ser humano. El escritor Fernando Vallejo (La virgen de los sicariosLa puta de Babilonia) ha dicho: “el amor de mi vida son los animales”. Donó los 100 mil dólares del premio Rómulo Gallegos a una italiana que cuida perros famélicos. Ha hablado, como si se tratara de un genocidio, de los gritos de dolor de un cerdo que mataron en navidad cuando era niño.

Hasta aquí, Vallejo sólo parece un loquito, pero lean esta perla que escribió en Milenio:

“No sabes el desprecio tan grande que me producen los de las buenas conciencias; esto es, los hipócritas, los tartufos. Vivimos en un mundo inmoral de carnívoros y reprimidos sexuales. Ahora estos degenerados carnívoros y reprimidos sexuales resolvieron hacer de los curas pederastas los chivos expiatorios de su sociedad monstruosa. Los que hoy ponen el grito en el cielo porque un cura masturba a un muchachito son los mismos que se comen a los pollos, las vacas, a los cerdos, con la conciencia tranquila de buenos cristianos”.

Leyó usted bien: según Vallejo, cogerse a un niño es menos reprobable que comer carnitas. Él es sin duda el más repugnante de los animal lovers que yo conozco, pero hay otros que se le acercan. Hay una mujer que se besa en la boca con su perro, pero maltrata a la sirvienta. Esta misma mujer, cuyo nombre no menciono por no ser un personaje público, se para a medio periférico a salvar perritos, poniendo en riesgo la vida de los otros coductores y pasajeros.

Hoy, en el radio, oí a una catalana celebrando la prohibición de  la tauromaquia en su tierra. “Se impusieron la razón y la compasión”, dijo entre vítores de sus compañeros de causa.

No se impusieron ni una ni la otra.

Para empezar, los toros que no participen en la fiesta brava en Cataluña serán corridos en otras regiones. Y si no hubiera tauromaquia en ningún lado, esos toros morirían en el rastro. Y como están hechos para la lidia, acabarían por extinguirse.

Para tener la razón, hay que responzabilizarse de pensar. Y los antitaurinos no se detuvieron a pensar ni un segundo. Acudieron al llamado del “no a la crueldad de la fiesta brava” como si fuera un dogma de fe.

No es razonable provocar que se extinga el animal que se quiere defender. Y no es compasivo mandarlos a morir a otro lado. Lo único que se impuso es la ignorancia y el populismo de personas que son fans de toros que han matado toreros, y que claman en Facebook que los toreros son “asesinos hijos de puta”.

En el ruedo, un torero tiene mucho qué perder. Hasta la vida. Los antitaurinos lo saben. Y se regodean viendo fotos de toreros volando por los aires. Los toreros se arriesgan voluntariamente a ser heridos y pueden morir. Cierto. Quienes obtienen placer a través de su sufrimiento son crueles. También cierto.

Si los toreros merecen crueldad, ¿qué merecerán los señores del rastro, que matan a los animales sin que estos puedan defenderse? ¿Son asesinos seriales? ¿Hay que lincharlos? ¿Y qué tal a los pescadores? ¿Acaso son menos crueles porque los peces no gritan?

Si usted considera criminal matar animales, vuélvase vegetariano ahora mismo. Pero entonces habría que preguntarse si no es también un acto de crueldad comerse los vegetales. ¿O que, la vida animal es superior a la vegetal? ¿Vida es vida, no?

Hacer que se prohiba algo solo porque no nos gusta es peligrosísimo para cualquier sociedad. Argumentando razón, compasión y derecho a la vida también se puede prohibir, por ejemplo, el aborto. Estar en contra de la tauromaquia debiera ser una decisión personal. A quien no le guste, que no vaya. Decir esto en Cataluña sería hablar a toro pasado. Pero en el resto del mundo aún hay tiempo de pensar.

Tomado de: http://www.sergiozurita.com
Por: Sergio Zurita




El Amigo Sprite

16 09 2010

Chicas, les voy a contar un secreto sobre la amistad entre hombres y mujeres: es posible, pero improbable. Espero que esto no las pille por sorpresa, porque es algo que los chicos siempre hemos sabido.

Chicos, ¿cuántas veces hemos oído eso de: “Es un amigo”? Siempre hemos sabido que era mentira. Lo curioso del asunto es que ellas, en general, se lo creen. De ahí que suenen tan convincentes al decirlo.

El anuncio de Sprite de las “cosas como son”, es algo antiguo y probablemente muchos de ustedes ya lo hayan visto, pero me pareció que encajaba perfectamente con la idea que quería expresar.

Chicas, en serio, me sorprende que les sorprenda que su amigo les tire el perro. No sean ingenuas, por favor. Los chicos nunca nos aproximamos a una chica sin un buen motivo. Tampoco queremos su amistad.

Chicos, continuemos aprovechándonos del aparente daltonismo que sufren las mujeres y que les impide discernir nuestras verdaderas intenciones, pero sin olvidarnos de que otros podrían estar aplicando la misma estrategia.

Y es que los amigos son un bien escaso. Son pocos y siempre son los mismos. Uno puede conocer a mucha gente, pero, al final, ¿cuántos son amigos verdaderos?

Resulta que los chicos tenemos amigos y las chicas tienen amigas porque son l@s únic@s que comparten y entienden nuestros problemas. Aunque a veces sea divertido y se aprendan cosas hablando de chicas con chicas, nunca será lo mismo. Así que, chicas, cuando un chico se les acerque, sepan que estamos buscando algo que nuestros amigos no pueden darnos…

Y es que ya lo dijo Freud: el deseo sexual es la principal energía motivadora de la vida humana. En resumen, en cualquier amistad entre un hombre y una mujer (ambos heterosexuales), casi siempre hay o hubo un interés por al menos una de las dos partes. Por lo tanto, chicos, cuando una chica les diga que un recién aparecido es un amigo, no se lo crean, porque es mentira. Y, chicas, cuando un chico aparezca y se haga el simpático, créanme, no quiere ser su amigo.





My Women

11 09 2010

Alma, MARIANA, Dulce, Jessica, Nubia, Laura, MILDRAD, Cristina, Claudia, Nancyné, Denisse, Luisa, Vanessa, Denisse, Reyna, Greta, Xitlali,  JULIA, Denisse, Guadalupe, Patricia, Sophie, Sandra, Maria, Adriana, Stacey, Marta, Tanja, Silvia, Ana, Kristina, Johanna, Florine, Corina, Aché, Shanti, Ia, ZULEIKA, Valerie, Clara, Martha, Ivonne, Erika, Fátima, Denisse, Alhy, Mónica, Abril, Lesley, AMERICA, Lluvia, Lety, Lucy, Andrea, GINA, Claudia, Berenice, Rocio, Brenda, Ivonne, ALEJANDRA, Mary, Tere, Fanny, Anabel, Dinora, Yuliana, ANAI, Seoyoung, Ji Ri, Songhwa,  Shu Hua, Evelyn, Nelly, KARLA…





Efecto Proteo

6 09 2010

No es la primera vez que les hablo de lo determinante que es la belleza de una persona para su éxito social, incluso a niveles aberrantes, como que porcentualmente hay más individuos feos en la cárcel que fuera de ella. La belleza tiene tanto poder porque determina cómo nos tratará la gente, y según cómo nos trate la gente a lo largo de nuestra vida sin duda acabará moldeando en cierto grado cómo somos. Por ejemplo, las personas atractivas o altas y esbeltas atraen a más amigos de media, perciben salarios más elevados por el mismo trabajo y hasta reciben mejores servicios de salud.Bien lo saben incluso los bebés recién nacidos: los que son más monos reciben mejores atenciones de las enfermeras que los más feos, y poco importa que lloren más o menos para llamar la atención.
Nuestra apariencia, también, afecta a cómo nos percibimos a nosotros mismos, y por tanto a cómo actuamos.

Para comprobar en tiempo real los poderosos efectos de la belleza, lo ideal sería realizar experimentos con grupos de personas que son muy feas y, poco después, muy bellas, y ver qué pasa. Eso no puede suceder porque, además de incurrir en un problema ético, no existe la tecnología suficiente para cambiar radicalmente el aspecto de alguien en pocos minutos. Aún.
Pero esta limitación no existe en un mundo virtual. Como Second Life. En este mundo de ceros y unos, cualquier persona puede entrar con su avatar, que adoptará la apariencia que queramos manipulando 150 parámetros que lo cambian todo, desde el color de los ojos hasta el número de pie que gastas.
Gracias a que la belleza puede ser tan cambiante en Second Life que podemos analizar cómo se alteran las interacciones sociales online de una forma totalmente nueva.

En un estudio se asignó a los voluntarios diversos avatares que iban desde corrientes hasta atractivos (y que no guardaban ninguna relación con el aspecto de los voluntarios en el mundo real). Los voluntarios se colocaron los cascos de realidad virtual y manipularon a sus avatares para que entraran en una habitación e interactuaran con otro avatar, controlado por un asistente de investigación que no podía ver los rostros virtuales de los avatares (y que por tanto interactuaba con todos de manera uniforme). Así, los investigadores fueron capaces de manipular astutamente los avatares para que los voluntarios pudieran verse de manera distinta a como los veían otros (en este caso el asistente de investigación). Eso es importante, porque si, por ejemplo, uno tiene un avatar atractivo que recibe un trato preferencial en el mundo virtual, quizá actúe con más confianza.

Los resultaron fueron sorprendentes. Los voluntarios con avatares atractivos mostraban un grado de confianza en sí mismos (manteniendo una distancia interpersonal menor o hablando más de ellos mismos), independientemente de su atractivo en la vida real. Este impacto de la percepción de nuestra apariencia sobre nuestro comportamiento fue bautizado como efecto Proteo, en honor al dios de la mitología griega que podría cambiar de aspecto a voluntad.

Pero el mundo virtual también puede tener implicaciones directas en el mundo real, como descubriremos en la próxima entrega de este artículo.