Nueva York

15 10 2018

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Nunca se le conoce suficiente, menos demasiado. No suele ser la misma, de cualquier manera. De hecho, lo suyo es ir adelante: da la impresión de que el planeta cambia a partir de ella. Y claro, cambias tú. Para eso la buscas, ¿no? Unos días te acaricia, te cautiva, te hace sentirla tuya; otros, sin previo aviso, te castiga, te ignora, te arrastra por el suelo sin piedad. Nada más fácil que despreciarla desde el fondo de tu alma y huir de sus encantos como de una epidemia. Lo difícil, no obstante, será aguantar las ganas de volver y rendirte a sus pies.

Conocí Nueva York un domingo y la encontré algo sucia. Hosca. malencarada (amén peligrosa, como mis padres no cesaban de alertarme). Time Square era gris, igual que un fin de fiesta, a pesar de tantas tienditas de souvenir que hacían las delicias de un niño de 13 años como yo. La mañana siguiente, me basto recorrer un par de cuadras para caer en una hipnosis tan dichosa como inexplicable. Ya fuera que mirase en torno mío o hacía los rascacielos, el universo se movía a un ritmo frenético que en el primer descuido ya me llevaba en vilo. Los sonidos, los olores, la luz, todo avanza deprisa cual si ahí estuviese el motor de este mundo. De Manhattan se olvidan muchas cosas, menos el clic de la primera vez. Cuando volví a mi pueblo, ya no me sentía niño.

Verdad es que uno llega con expectativas. Aun y sobre todo antes de conocerla, cada quien tiene su propia Nueva York. Yo viví ahí entre los dos y los tres años. Mis escasos recuerdos, me temo, los he adaptado de los relatos de mis padres y de mi abuela, pero desde entonces pienso en esa ciudad con las mística propia de quien cree en los designios del destino. Es decir, con la fe de los enamorados. ¿ Qué tendría de raro que cada nuevo encuentro fuera un poco el primero, a juzgar por los pálpitos cardíacos?

Volví otra vez, ya con 19 años, en busca de lo oscuro y lo torcido, que en Nueva York solía haber a granel. Todos esos lugares que mi morbo prepúber alcanzó a ver de lejos, de repente se abrían cual infierno amigable en las banquetas mismas de Broadway y la Séptima, reservadas entonces a noctámbulos de muy amplio criterio. ¿Y qué decir de los bares de Bowery, con sus punks desatados, sus tugurios en ruinas, sus sombras fascinantes? ¿Cómo ver allí, banqueta tras banqueta, un persistente reto a la osadía?

Regreso tras regreso, fui albergando la fantasía de algún día llegar en cuatro ruedas. Observar Nueva York a la distancia, atravesar sus aguas y recorrerla de una a otra orilla al volante de un coche que haría las veces de alfombra mágica.

Cuando por fin lo hice y crucé de este a oeste en 10 minutos, algo se quebró adentro. Cuesta trabajo creer o imaginar, por más que uno lo sepa y lo comprenda, que aquella monumental inmensidad pueda caber en una pequeña isla; el hechizo romántico que nos hace olvidar pierde toda su fuerza sobre ruedas, Deber ser por eso que un neoyorquino al volante vale tanto como un californiano a pie.

La última vez viajé para darle la espalda. en punto de las 10 de la mañana, tomaba el autobús con dirección a Flushing, donde cada septiembre se disputa el US Open, y volvía pasada la media noche, con la desazón de un amante inconsecuente. ¿Cómo ignorar, no obstante, la alegría callada de volver noche a noche a las calles de aquella isla encantada, como quien pisa tierra conocida y se siente de alguna forma en casa? Pero es que ella es así. Después de tantos años, apenas sé quien es, pero me costa que ella me conoce. ¿Que más podría pedirte, Nueva York?

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No Estuvistes Ayi

25 02 2018
Si no vites una vez
los ojos
sorprendidos, asombrados, entezados
Si no oyites una vez
el grito, el lamento,
el mauyo, el djemido
Si no golites una vez
la golor de la sangre vertida,
las golores de gaz i de karnes kemadas
Si no konsentites una vez
el golpe, el palo, el kurbach,
la kayida de un puerpo tirado
Si no gostates una vez
el temor, el espanto, el pavor
espanto de la muerte, ke ainda esta en ti
Si no:
Vites
Oyites
Golites
Konsentites
Gostates
Entonses es ke:
No estuvites ayi.




Relaciones de Amor – Odio

29 01 2015

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A menos que accedas a la frecuencia consciente de la presencia, todas las relaciones, y en particular las relaciones íntimas, acabarán fracasando y siendo disfuncionales. Puede que parezcan perfectas durante un tiempo, mientras estás «enamorado», pero esa perfección se altera invariablemente a medida que van produciéndose discusiones, conflictos, insatisfacciones y violencia emocional o incluso física…, momentos de tensión que suceden con creciente frecuencia.


Parece que la mayoría de las «relaciones amorosas» pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor-odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia del afecto. Esto se considera normal.


Si en tus relaciones experimentas tanto un sentimiento de «amor» como su opuesto —agresividad, violencia emocional, etc.—, entonces es muy probable que estés confundiendo el apego adictivo del ego con el amor. No puedes amar a tu compañero o compañera un momento y atacarle al siguiente. El verdadero amor no tiene opuesto. Si tu «amor» tiene un opuesto, entonces no es amor, sino la intensa necesidad del ego de una identidad más completa y profunda, necesidad que la otra persona cubre temporalmente. Este es el sustituto de la salvación que propone el ego, y durante un breve episodio parece una verdadera salvación.


Pero llega un momento en que tu pareja deja de actuar de la manera que satisface tus demandas, o más bien las de tu ego. Los sentimientos de miedo, dolor y carencia, que son parte intrínseca del ego pero habían quedado tapados por la «relación amorosa», vuelven a salir a la superficie. Como en cualquier otra adicción, pasas buenos momentos cuando la droga está disponible, pero, invariablemente, acaba llegando un momento en el que ya no te hace efecto.


Por eso, cuando los sentimientos dolorosos reaparecen los sientes con más intensidad que antes y, lo que es peor, ahora percibes que quien los causa es tu compañero o compañera. Esto significa que los proyectas fuera de ti y atacas al otro con toda la violencia salvaje de tu dolor.


Tu ataque puede despertar el dolor de tu pareja, que posiblemente contraatacará. Llegados a este punto, el ego sigue esperando inconscientemente que su ataque o sus intentos de manipulación sean castigo suficiente para inducir un cambio de conducta en la pareja, de modo que pueda seguir sirviendo de tapadera del dolor.


Todas las adicciones surgen de una negativa inconsciente a encarar y traspasar el propio dolor. Todas las adicciones empiezan con dolor y terminan con dolor. Cualquiera que sea la sustancia que origine la adicción —alcohol, comida, drogas (legales o ilegales) o una persona—, estás usando algo o a alguien para encubrir tu dolor.


Por eso hay tanto dolor e infelicidad en las relaciones íntimas en cuanto pasa la primera euforia. Las relaciones mismas no son la causa del dolor y de la infelicidad, sino que sacan a la superficie el dolor y la infelicidad que ya están en ti. Todas las adicciones lo hacen. Llega un momento en que la adicción deja de funcionar y sientes el dolor con más intensidad que nunca.


Ésta es la razón por la que la mayoría de la gente siempre está intentando escapar del momento presente y busca la salvación en el futuro. Si concentrasen su atención en el ahora, lo primero que encontrarían sería su propio dolor, y eso es lo que más temen. ¡Si supieran lo fácil que es acceder ahora al poder de la presencia que disuelve el pasado y su dolor, a la realidad que disuelve la ilusión! ¡Si supieran lo cerca que están de su propia realidad, lo cerca que están de Dios!


Eludir las relaciones en un intento de evitar el dolor tampoco soluciona nada. El dolor sigue allí de todos modos. Es más probable que te obliguen a despertar tres relaciones fracasadas en otros tantos años que pasar tres años en una isla desierta o encerrado en tu habitación. Pero si puedes llevar una intensa presencia a tu soledad, eso podría funcionar para ti.





Por qué espero que mi ex haya sido un tipo de amor único en la vida

27 12 2014

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Ayer me encontré con una amiga a la que no había visto hace tiempo. Durante nuestra rápida conversación para ponernos al día, ella me preguntó cómo estaba mi pareja. Después de que le di mi bien ensayada y educada respuesta “en realidad ya no estamos juntos, así que no estoy por completo seguro”, me puso la cara inmediata de pena y lástima que siempre me dan. Ya estoy acostumbrado a esa cara, supongo que es lo que pasa cuando la mujer con la que pensaste que te ibas a casar termina contigo, pero después de ponerme “la cara”, me dijo que ella sabe que voy a encontrar a alguien nuevo y que lo voy a amar de la misma manera, o incluso más.

Espero que esté equivocada. Espero nunca encontrar a alguien a quien ame al igual que a ella.

No digo esto porque sea un cínico, y tampoco porque tenga la esperanza de que volvamos a estar juntos. Lo digo simplemente porque el amor que compartí con ella fue demasiado para mí. Fue puro, fue apasionado, fue sobrecogedor, fue emocional, fue todo. Ella era en lo primero en que pensaba en la mañana y lo último que pensaba en la noche. Me sentía incompleto cuando no estaba cerca de ella, y cuando estábamos juntos era como si todo estuviera bien en el mundo otra vez. Era mi otra mitad, y lo que consideraba la mejor parte de mí. Es como si todo nuestro tiempo juntos fuera una montaña rusa de echarla de menos, amarla, odiarla y necesitarla.

Y le ruego a Dios no sentirme de esa manera nunca más.

Espero que mi ex haya sido el amor de mi vida porque nunca más quiero sentir esa clase de amor de nuevo. Lo tuve por tres años. Cambió mi vida y es algo que voy a apreciar por siempre. Encontré ese amor cuando aún era joven y amé cada minuto de ella. Incluso cuando peleábamos y la odiaba, la amé. Pero no quiero volver a sentirlo nunca más. Ese tipo de dolor y sufrimiento mezclado con un amor tan pasional fue mucho para mí. Mi corazón no pudo manejar todo eso y cuando ella decidió dejarme, no logré entender cómo el mundo podía seguir dando vueltas.

Un día el dolor en mi pecho dejó de hacerme daño y todos los pedazos rotos de mi corazón y mi alma parecieron unirse por sí mismos. Ahí fue cuando me di cuenta de que no necesito ese tipo de amor o esa especie de vida. No es que no quiera volver a enamorarme. No puedo esperar a que eso pase otra vez, pero espero y ruego porque esta vez sea un amor diferente.

No quiero que alguien más sea mi otra mitad, quiero a alguien que me haga sentir completo por mí mismo. No quiero extrañar a alguien tanto que me duela, quiero saber que incluso cuando estamos separados puedo confiar en ella y saber que volverá a mí. No quiero que ella sea en lo último que pienso antes de irme a la cama en la noche porque quiero que ella esté a mi lado cuando me vaya a la cama en la noche. No quiero que ella sea la mejor parte de mí, quiero que me impulse a ser el mejor yo que pueda ser por mí mismo. Quiero una pareja. Quiero a alguien con quien pueda contar las 24 horas del día, los siete días de la semana. Quiero un amor que me haga sonreír e ir a la cama completamente feliz con mi vida, no alguien que me mantenga despierto por las noches. No quiero una mujer que me trate como un rey y como lo más preciado en el mundo, quiero que trate así a nuestros hijos. No quiero ser el amor de su vida porque quiero que nuestra familia tome ese lugar.

Mi ex me enseñó más acerca del amor y de la vida de lo que ella jamás sabrá. Después de que terminásemos, mis amigos siempre me dijeron que ella nunca iba a encontrar a alguien que la amara tanto como yo lo hice. Lo decían para hacerme sentir mejor, pero espero que eso mismo sea verdad para ella también. Éramos jóvenes e inocentes y amábamos estar enamorados, pero era el tipo de amor incorrecto. Espero que haya sido un tipo de amor único en la vida para ambos de nosotros, y espero que un día ambos encontremos un tipo de amor mejor y más completo.





No fuimos novios, pero sigues siendo mi ex…

21 12 2014

Ex

Hay una diferencia entre un “ex novio” o “ex novia” y sólo un “ex”.

Un “ex-novio” es alguien con el que saliste seriamente por un período prolongado de tiempo, con el que mantuviste LA conversación y definieron lo que era la relación. Probablemente le dijiste que los amabas, pero luego terminaron, y la palabra “ex” fue puesta antes de pronunciar su antiguo título.

Pero ¿qué pasa con todos los demás? ¿Con aquel chico con el que sólo saliste un par de veces? ¿Qué pasa con la chica con la que te besabas normalmente borracho? ¿O con el chico con el que hablabas todo el día hasta que empezó a salir con alguien más? ¿Qué pasa con la chica con la que tuviste una aventura cuando estabas en México de vacaciones? ¿Qué pasa con aquel tipo con el que has coqueteado toda la vida aunque no haya pasado nada?.

Estas personas son sólo ex. Ese hombre con el que casualmente saliste durante un mes no es un ex novio, pero sí es un tipo de ex.

Algunas personas, especialmente los de diferentes generaciones, no creen que estas experiencias cuenten como “relaciones”, que carecen de intimidad, y que no deben ser considerados como un “ex” como tal. Pero el hecho de que no hayas salido oficialmente con alguien no significa que no tenías un trato íntimo con esa persona. ¿Ese tipo con el que te acostaste un montón de veces? Sabes cosas sobre él que su familia y amigos no saben, y que nunca lo harán. Tu sabes cómo se siente su cuerpo contra el tuyo y cómo es su dormitorio a las 2 am. Conoces los ruidos que hace durante el sexo y la cara que pone cuando tiene orgasmos. ¿Esa chica con la que saliste una o dos veces? Conoces su historia de vida, probablemente hayan hablado durante horas acerca de sus experiencias pasadas y lo que potencialmente quieren llegar a ser en un futuro. Puede que nunca más vuelvas a ver a estas personas, pero siguen siendo ex. La intimidad era real, simplemente no venía con ningún tipo de compromiso.

Y esa es la manera en la que nos gusta, ¿no? Somos jóvenes, sin ataduras y somos libres de hacer lo que queramos con quien queramos, así que ¿por qué no mantener la mayor cantidad posible de amores?. Me refiero a que seguramente si la persona correcta viene, entonces de todas maneras nos estableceremos con ellos. Pero hasta que no llegue ese momento, no hay nada de malo en tener suficientes ex en tu agenda hasta para poblar una ciudad pequeña.

Fuente: upsocl





¿Amar es sufrir?

27 10 2014

Freddie effy

Si como José José tú eres de los que creen esto, te sorprenderá saber los motivos por los que te sucede eso 

El amor saludable y el dolor son incompatibles. Si conoces los motivos principales por los que transformamos absurdamente el amor en sufrimiento, aprenderás a evitarlos y a generar esquemas y comportamientos más adaptativos.

De acuerdo al psicólogo Walter Riso, no es normal hacer de tu relación afectiva un estilo de vida donde el sufrimiento sea la principal característica. Acceder a un vínculo afectivo constructivo no es imposible: se trata de no dejar entrar ciertas creencias irracionales y algunos miedos que enredan el amor, lo complican y lo convierten en una carga.

En su libro “Guía práctica para no sufrir de amor”, el experto menciona algunas de las causas del indeseable sufrimiento amoroso. Aquí te damos algunas:

1. Creer que el amor es sólo sentimiento y que la razón o el pensamiento no cumplen ninguna función.

Esta idea errónea hace que “nos dejemos llevar” por la emoción y no gestionemos adecuadamente lo que sentimos. El amor hay que pensarlo además de sentirlo. Se necesita de una dosis considerable de voluntad para mantener y llevar adelante una buena y sostenible relación afectiva: con el amor duro y crudo no basta.

2. Ser víctima de un amor incompleto.

Amar, sin algunos de sus tres componentes principales: eros (deseo), philia (amistad) y ágape (ternura), conlleva, tarde que temprano, al sufrimiento. Cuando falta alguno de ellos, sentiremos un vacío, la sensación de que hay algo insatisfactorio, desagradable, molesto y doloroso.

Todos buscamos un amor completo que colabore en darle a nuestra existencia un sentido de bienestar y no de tortura. No se trata de un amor perfecto, porque el amor siempre será una obra en construcción: siempre estarás “amando”, elaborándolo y reinventándolo. Más bien se refiere a un amor que no deje espacios para que se cuele la duda, la indiferencia o la inseguridad psicológica.

3. La dependencia afectiva, que te lleva a temer el abandono del otro.

Si piensas que no eres capaz de enfrentar la vida sin tu “media naranja” y que sólo con ella te sientes realizada, amar será un infierno y una condena. El apego convierte el amor en esclavitud y, además, corrompe.

4. Violar los derechos de la otra persona o incluso los propios en nombre del amor.

Cuando negocias con tus principios o tus valores más sentidos, pierdes dignidad y no puede haber un amor saludable cuando ya no hay respeto o autorrespeto. Nada justifica la entrega de la soberanía personal en nombre de un amor de dudosa procedencia.

Por último, el autor subraya que el buen amor fluye, se deja gestionar y crea bienestar. La consigna es clara y determinante: si un amor te hace sufrir, ese amor no te sirve.





Consejos para superar a tu ex

21 10 2014

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Para todos es doloroso terminar una relación amorosa, ¿cómo hacer más fácil este desapego? El psicoterapeuta Pablo Verde nos da estos consejos.

1. Aléjense por un tiempo. Establece límites respecto a verse, hablar, o tratar de contactarse a través redes sociales

2. Mantente firme en la decisión para no caer en ciclos patológicos de reconciliación y rompimiento.

3. Si no eres de las personas que cuando termina una relación se deshace de todos los objetos que le recuerdan a su ex pareja, trata de evitar, por un tiempo, ver fotos, visitar lugares o escuchar canciones que te remiten a él.

4. Cuando la otra persona ya tomó su propio camino, no te dañes a ti misma al tratar  de forzar las cosas para que la relación no termine o buscándolo todo el tiempo. Mejor llama a un amigo o familiar para contarle cómo te sientes.

5. Crea distancia en las redes sociales y en el teléfono celular. Seguramente es difícil eliminarlo de tus amigos de Facebook o de tus contactos favoritos, pero si crees que vas a caer en la tentación de mandarle un mensaje o revisar su muro, bloquéalo por un rato.

6. Sustituye el tiempo que pasabas con él por otras actividades que te gusten como el ejercicio, bailar, estudiar, o salir con amigos. Aunque es normal que las primeras semanas te sientas triste y no quieras salir a ningún lado, el problema viene cuando ya ha pasado mucho tiempo y esto está afectando tu vida cotidiana.

7. ¿Amigos después de novios? Depende de cada quien, pero no es tan sano cuando recién acabas de separarte porque pueden reavivarse muchas cosas del pasado que les pueden traer problemas, o que uno de los dos se moleste porque su ex pareja ya está saliendo con alguien más.

8. ¿Un clavo saca otro clavo? Todos los casos son diferentes, aunque lo ideal sería esperar un tiempo a que sanen las heridas. De inicio te hará sentir mejor estar con alguien, pero a mediano o largo plazo puedes correr el riesgo de querer que esta nueva persona sea como tu ex y tratar de reemplazarlo.

9. Si tu familia o amigos te preguntan todo el tiempo por tu anterior pareja, o incluso quieren convencerte de que regreses con él, déjales claro que ya has tomado tu decisión y deben respetarla.

10. En el caso de que tu ex viva  cerca de ti o trabajen juntos y te es muy difícil cerrar ese círculo, a veces es necesario considerar cambiarte de casa o de empleo.